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sábado, 8 de junio de 2019

Crónicas del tercer mundo

El Perú es un país que nunca tuvo la iniciativa propia de independizarse de España. De hecho, fueron las colonias vecinas quienes, para lograr su independencia, necesitaron debilitar la concentración española en el Virreinato del Perú, porque de ahí partían los refuerzos con los que la Corona luchaba contra las insurrecciones. Las fronteras del Perú fueron dibujadas de tal manera que ahora migrantes europeos, campesinos quechuahablantes, nativos tribales y peones afrodescendientes eran todos compatriotas. El proyecto forzado que fue la independencia y fundación de una república sin habitantes capacitados para ser ciudadanos no tuvo un plan de país ni instituciones sólidas salvo el clero y los militares. Sobre su estado Charles Darwin, que estuvo en el Perú, observó (1839):

“No existe Estado en Sudamérica, desde la declaración de la independencia, que haya sufrido más de anarquía que el Perú”. “En el momento de nuestra visita cuatro jefes militares se enfrentaban mutuamente contendiendo por la supremacía en el gobierno. Si uno de ellos tenía éxito en convertirse temporalmente en el mandamás, los otros caudillos se unían en contra de él. Tan pronto se imponía la nueva alianza, los integrantes de ella se tornaban hostiles entre sí”.


En el capítulo XVI de su libro "El viaje del Beagle", Darwin (íbid.) comparte su impresión del Perú y lo describe como de apariencia lóbrega, pobre y conformado por "un grupo pequeño de casas miserables". Describe al puerto del Callao como un "pequeño puerto marítimo mal construido y asqueroso (…) de atmósfera cargada de malos olores" y percibe a sus habitantes (y a los de Lima) como de "todos los matices de mezcla imaginables, entre sangre europea, negra e india. Un pueblo de borrachos de apariencia depravada".


Comentó, a su vez, que nativos y extranjeros por igual sufrían enfermedades que asoció a las aguas servidas empozadas en distintos lugares de la zona. Y sobre la parte de Lima que llegó a ver también opinó:

"Actualmente, Lima se encuentra en un miserable estado de ruina: prácticamente las calles no están pavimentadas; y montones de suciedad se apilan en todas las direcciones, en los que gallinazos negros, sumisos como aves de corral, levantan pedazos de carroña".


Quien desee saber más sobre la historia de la República del Perú puede revisar los hechos por su propia cuenta, pero en lo que compete a este texto, cabe destacar que el desarrollo de los hechos históricos obedeció a una continuidad con el punto de partida descrito por Darwin.


Tal heterogeneidad cultural, no producto de una migración ordenada, sino de encerrar a diversas etnias dentro de una misma frontera, alimentó una mentalidad de "yo no tengo nada que ver con esa gente" y ha desembocado en que para el siglo XXI, aún no exista una identidad peruana sólida que vaya más allá del fútbol (mediocre para los estándares internacionales) y la gastronomía, más orientada hacia el extranjero que hacia el interior del país.


El presente texto, como su mismo título señala, es una simple crónica. Un breve registro en tres anécdotas sobre lo que se siente vivir en la continuación de la anarquía y mediocridad descritas por Darwin hace menos de dos siglos. Ello con el fin de que, si alguien en un futuro póstumo trabaja en algún recuento histórico, tenga a la mano algún material, por escueto que sea, que ofrezca alguna impresión cualitativa del día a día, tal y como las "Noches Áticas" de Aulo Gelio o la "Descripción de Grecia" de Pausanias han podido aportar a historiadores y escritores contemporáneos. Las tres anécdotas corresponden a la atmósfera social en zonas urbanizadas de Lima Metropolitana como una ilustración de que la infraestructura no hace al pueblo.

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Terratenientes urbanos

Hacía ya más de veinte minutos que llegué a mi destino, pero seguía conduciendo por los alrededores buscando dónde estacionar. Finalmente, después de aventurarme un poco más lejos de lo que hubiese querido, en una calle encontré mi oasis. Estacioné y revisé: no había línea amarilla, no bloqueaba garajes ni me subía a la vereda. "Joven..." sonó una voz, pero no conocía a nadie y tenía cosas que hacer, así que no me detuve. "¡Joven!" volvió a sonar y esta vez volteé. Un hombre de mediana edad envuelto en chalinas y abrigos, con un silbato colgando del cuello y una gorra en plena noche caminó hacia mi.

- No se puede estacionar ahí.
- ¿Por qué no?
- Está prohibido.
- Imposible, si es la calle.
- Ahí se cuadra "el señor", que vive ahí- señala una casa grande con cochera propia cerca al espacio donde estacioné, que seguía siendo la calle.
- El "señor" tiene garaje, el cual, dicho sea de paso, no estoy bloqueando.
- Tiene varios carros y siempre recibe visitas.
- Eso sigue sin hacerlo su espacio. Es la vía pública.
- Joven, le estoy pidiendo amablemente, por favor, que no se estacione en ese sitio. ¿No se va a mover?
- No, buenas noches.

Profundamente indignado de que la gente invente sus propias leyes, me fui con prisa, pues mis planes no esperaban. Pero en pleno camino, noté que lo que en auto parecía poca distancia, a pie no lo era tanto y no me supo bien dejar el vehículo tan lejos. Regresé.


Divisé mi auto a lo lejos. Todo bien felizmente. Aunque conforme me acerqué un leve seseo fue cobrando protagonismo e inmediatamente supe que algo estaba mal. Troté hacia el auto y, efectivamente, alguien le había quitado una válvula a la llanta y ésta lentamente se desinflaba. La válvula estaba en el piso, así que la enrosqué nuevamente y el desinflado se detuvo. El tipo de hace un rato ya no estaba, pero una silueta me observaba por detrás de una cortina en la casa de "el señor". Esta vez fue mi tranquilidad la que me pidió que me vaya y, ahora sí, lo hice.


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Señoras con corona

El metropolitano nunca está vacío. Por el contrario: después de hacer cola para subir, la gente viaja apiñada. El aire a veces se calienta y las lunas se empañan; entonces fugazmente empieza y termina una breve pelea: "¡No empuje!", "¡Oiga ¿por qué me toca?!" Todas las especies se tornan mordaces con el hacinamiento, por eso la agresividad es normal ahí.


El metropolitano nunca está vacío, pero un día que subí sí lo estuvo. El espacio metálico abarca dos filas de asientos en un lado y una fila en el otro. Todos los asientos son blancos, salvo una porción de los mismos coloreados de rojo bajo un cartel que indica: "Asientos rojos preferenciales". Plenamente consciente de ese detalle me acomodé sobre uno blanco en la fila contraria, exagerando la distancia 
entre mi asiento y aquellos de los que tendría que pararme si llegaba alguien al que le correspondiese uno.



Al cabo de dos o tres estaciones la gente ya estaba apiñada. El aire entibió pero me sentí agradecido de viajar sentado ese día. Las primeras micropeleas se hicieron oír en ambos extremos del bosque de cuerpos. Al llegar a la siguiente estación, desde afuera del vehículo se escuchó una voz aguda y desgarrada exigiéndole a los enlatados pasajeros que la dejen pasar. Entró una mujer empujando, arquetípica en su apariencia de señora, que insultaba de izquierda a derecha, reclamando la falta de valores en nuestro país, asegurándose de señalar que es una persona de edad, aunque omitía el detalle del número.


En los asientos reservados -que son varios- salvo una pareja de ancianos, había gente regular que tomó lo que encontró. Pero la señora, no sin antes callar a un señor que le reclamó un empujón, tornó su frenesí hacia quien escribe: "¡Patán! ¿No ve que soy una persona mayor y no se levanta usted a darme el asiento reservado?" Miré a los de los asientos reservados, pero con ellos no era el roche.

- Señora, los asientos reservados están ahí- señalé. 
- ¿Cómo me voy a sentar ahí si ya están esos señores sentados?- me respondió en el acto. 
- Los otros asientos...
-¡Ignorante!- interrumpió.
- Si usted desea mi asiento yo con gusto se lo cedo, pero esas no son maneras de hablarle a la gente. 
- ¡Ya, párese entonces!- exclamó acercándose, como dando por sentado que acataría su orden.
- Así no.
- ¡Oiga! ¡Qué falta de respeto! ¡Burro!
- Sí. Burro- respondí volteando a mirar por la ventana.

Su vehemencia escaló y entre injurias de vieja como deseos de infierno y mala salud a mis allegados, soltó: "¡Porque eres blanco te aprovechas!" 

Hasta los del asiento reservado voltearon. Me quité los anteojos antes de responder, pero el del costado, con el codo de la señora sobre el páncreas, me hizo una seña de que no lo haga. De que no valía la pena. Al notar que tenía el respaldo de los espectadores, tan estupefactos como yo, y que alguien en uno de los asientos reservados le daba a la señora lo que quería, hice caso.

Al momento de bajar, no obstante, la señora pasó por mi asiento y se recreó la escena anterior incluyendo las injurias de vieja y un comentario tan incoherente como inaudito: "¡Porque eres venezolano crees que puedes hacer lo que quieres!" 

Todos reaccionamos, pero ella ya se bajaba. Pese a que la señora ya no estaba, la controversia y el alboroto delirante que desató la estupidez de su infundada acusación perduró el resto de mi trayecto. El metropolitano nunca está vacío, pero si piensas que eso es incómodo, espera al día que así lo encuentres.



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Pedaleando a la misantropía

Buscas una ciclovía, pero no la encuentras. Vas despacio por la vereda, dando pase y pidiendo permiso hasta que un transeúnte de mal humor creyéndose en su derecho te insulta. Le explicas que no hay ciclovía y te exige que vayas por la pista. Si le haces caso y no te atropellan te van a tocar el claxon e insultar mientras te cierran.



Entonces encuentras una "ciclovía" (des)pintada sobre el pavimento; no es continua, es de un solo carril, una sola dirección y está llena de obstáculos como baches, otros ciclistas yendo "en contra", personas caminando, vendedores ambulantes y autos estacionados, así que eventualmente tienes que ir por la vereda aunque sea por ratos solo para que otro transeúnte te grite la misma locución que se recitan los peruanos unos a otros en la calle: "¡Por culpa de gente como tú el país está como está!"

Las ciclovías en Miraflores.

Las nuevas ciclovías de la avenida Túpac Amaru.



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Referencia:

Darwin, C. (1839). The Voyage of the Beagle. Random House: New York.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Skullgreymon: El ambiguo sendero hacia la madurez

Existe un ánime, el cual probablemente ya conozcan, llamado Digimon. ¿Les suena?

Sí. Ese que no es Pokémon.
Deseo compartirles una reflexión sacada de lo sucedido en el episodio 16 de la primera temporada, pero antes repasaré lo básico sobre la serie para estar todos en la misma página.

Digimon narra las aventuras de un grupo de niños, todos con monstruo de mascota que, en sentido metafórico, representa la maduración emocional de cada uno. Cada niño posee una virtud que lo caracteriza: valor, amistad, pureza, amor, honestidad y conocimiento. Resulta que cuando uno de ellos experimenta un evento que los ayuda a madurar y desarrollarse de acuerdo a su virtud emblemática, el lazo con su monstro se ve afectado también. En ese sentido, el valor de Tai (personaje en el que me centraré) es lo que brinda fuerza a su monstruo, Agumon. Dicha fuerza estimula que éste se transforme cuando sea necesario combatir.

Tai y Agumon
El contexto en el episodio 16 es el siguiente: Para este punto de la historia, Tai es el único del grupo que ha encontrado un amuleto que le da a su monstruo la posibilidad de transformarse en algo mucho más poderoso de lo que podía ser antes. Ya que, por el momento, él era el único que podía evolucionar a su monstruo a una etapa superior a la de Greymon, Tai consideraba que en él recaía la responsabilidad de proteger a los demás en caso de que algún peligro se diese. Por ello, observamos a un Tai más autoritario y severo que de costumbre, imponiendo su liderazgo y obligando a Agumon a permanecer alerta y fortalecerse a toda costa.

Finalmente aparece un enemigo poderoso y Agumon se transforma en Greymon para combatirlo. Tai y sus amigos se dan cuenta, durante la pelea, de que Greymon no tiene la fuerza suficiente para ganar.

Entonces Tai le exige a Greymon que “digievolucione” (se transforme) para derrotar a su enemigo. Para Tai ese cambio es ahora o nunca. Greymon, quien hasta ese momento jamás había podido transformarse, no pudo lograr su objetivo, porque sencillamente no sabía cómo forzar un cambio de esa naturaleza.

Tai comprendía que cambios en su crecimiento personal estaban relacionados a la apariencia y fuerza de su monstruo, por lo que para apresurar dicha madurez, se armó de "valor" y se inmoló contra el enemigo para poner su vida deliberadamente en peligro y forzar a Greymon a evolucionar para salvarlo.


Aquel valor imprudente e impulsivo generó tal angustia en Greymon que éste, en efecto, evolucionó para sobrellevar la situación. Sin embargo, algo no andaba bien: su cambio no reflejaba control. Se transformó en una criatura monstruosa y altamente destructiva que acabó rápidamente no solo con su adversario, sino con todo el lugar en el que se encontraban y, por poco, también con sus propios amigos. Dicha evolución toma el nombre de "Skullgreymon", una criatura cuya apariencia calavérica, debatiblemente, puede hacer alusión a la muerte y la destrucción.

Skullgreymon
El final del episodio nos deja con la idea de que fue una transformación "equivocada", ya que en la serie luego aprendemos que la evolución "correcta" sería "Metalgreymon". ¿Qué ocurrió entonces?


En términos simples, Tai tuvo el valor equivocado. Inconsciente y temerario, forzó un evento sin pensar más que en lo que él quería. Ignoró el sufrimiento que impartía en los demás y optó por una postura poco empática y predominantemente agresiva. Ello causó que su monstruo tuviese una forma "incorrecta" de evolucionar. ¿A qué voy con esto?

Reemplacemos la palabra “evolucionar” por “madurar”.

En la vida, todos tenemos vivencias de distinta índole que nos enseñan una u otra cosa. No obstante, no es la experiencia la que de por sí nos hace madurar, sino la reflexión que hagamos en base a ella.

Un ejemplo sencillo: Una persona se permite enamorarse y se entrega por completo a su pareja. Experimenta una enorme felicidad gracias a esta decisión, pero, a largo plazo, la relación no funciona como lo deseaba y ambos terminan separándose en malos términos. Ante esta situación, esta persona es inmediatamente confrontada con una fuerte sensación de injusticia, de vacío, tristeza, etc. Este estado emocional lo coloca en la situación en la que necesita darle un sentido a lo que ocurrió y adquirir nuevas habilidades para protegerse mejor.

Por un lado podría decidir que el amor es muy riesgoso y que para no sufrir nunca más por un tema similar, es lógico no confiar más en otros y evitar crear vínculos para nunca tener que pasar por la experiencia de perderlos. A corto plazo, una decisión así podría, en efecto, ahorrarle algunas angustias, pero a largo plazo esta persona podría terminar enfrascándose en una soledad mucho más intolerable que el propio cese de una relación.

Sí. Mi cuenta de Facebook está en alemán.
Les comparto, así, un término que vengo utilizando desde hace un tiempo. Cuando uno, luego de una fuerte adversidad, madura de tal forma que su cambio, a largo plazo, cause, mantenga o amplifique su sufrimiento o el de otros, entonces podría decirse que su cambio es el “Skullgreymon” de lo que vivió. En otras palabras, la experiencia lo marcó para mal, habiendo tenido la posibilidad de crear otro desenlace más beneficioso a largo plazo.

Por otro lado, ante la misma situación inicial, esta persona podría, también, concluir que las vivencias desagradables nos ayudan a atesorar y cuidar a las que creemos que valen la pena, por entender lo efímeras y delicadas que pueden llegar a ser. Tras haber experimentado una vivencia tan gratificante, esta persona podría enfocarse en que ahora sabe que, aunque son susceptibles de terminarse, estos estados de éxtasis son reales y posibles. Analizando sus circunstancias, puede identificar con más precisión cómo cuidar mejor de su situación para reducir las probabilidades de que ésta tome rumbos no deseados.

El punto, finalmente, es que pese a que dos personas puedan tener una experiencia muy similar de abandono, la forma en la que maduren o cambien, dependerá de sus reflexiones e interpretaciones, más que de la naturaleza de la experiencia en sí.

Esto es, de hecho, una buena noticia: tenemos más control de nuestro bienestar del que nos gustaría aceptar. No podemos escoger todo lo que nos ocurre, pero sí la actitud con la que lo afrontaremos.


Dato curioso: el enemigo contra el que Greymon luchaba era otro Greymon. ¿Una metáfora de la lucha interna contra uno mismo, tal vez?


domingo, 8 de noviembre de 2015

Una serie para pensar y sentir: El existencialismo en Rick y Morty

¿Alguna vez te has preguntado cómo sería si Jean Paul Sartre hubiese escrito el guión de una serie en la que los protagonistas de “Volver al Futuro” luchan por sobrevivir psicológicamente en una versión realista del universo de “Futurama”? Si eres como yo, probablemente no. Afortunadamente, hay quienes se han dado, no solo el tiempo para hacerse la pregunta, sino también para responderla.

En el año 2005, Justin Roiland creó la serie llamada “The real animated adventures of Doc and Mharti”. El show no era más que una parodia de las películas de “Volver al Futuro” y, originalmente, no tenía mayor propósito que ser una simple burla.

"You gotta lick my balls, Mharti!"
Años después, Roiland fue convocado por Dan Harmon para participar en el desarrollo de una serie animada original que se transmitiría por Adult Swim. Roiland, entonces, tuvo la idea de reciclar a los personajes de su antigua parodia y usarlos para protagonizar el nuevo trabajo. El resultado, transmitido por primera vez en 2013, fue la serie de televisión “Rick y Morty” (clara referencia a Doc y Marty).

Es posible que gran parte del éxito del show no se deba a su comedia o a la calidad de la animación, sino, de hecho a la profundidad de las ideas y los temas con los que, inevitablemente, el espectador es confrontado. A simple vista el show parece relatar las aventuras de Rick, un científico, y Morty, su nieto de 14 años, a lo largo de viajes espaciales e interdimensionales. No obstante, un vistazo más profundo a la psicología de los personajes revela un contenido de mayor complejidad.

Rick es un viajero interdimensional que ha visto lo peor del universo y, como consecuencia, ha quedado emocionalmente endurecido.


En sus viajes a realidades alternas se ha visto a sí mismo y a todos sus seres amados florecer y ser destruidos una cantidad indeterminada de veces. Ha asistido a su propio funeral y ha tenido que asesinar, incontables veces, a sus propios amigos y familiares. Se sugiere, además, que ha abandonado, más de una vez, realidades enteras para empezar de cero en otras y repetir el ciclo. Sus aventuras le han enseñado sobre la futilidad de la vida y falta de sentido intrínseco de la existencia. Como consecuencia, ha desarrollado un mecanismo de defensa llamado "aislamiento del afecto", descrito por McWilliams (2011) como una eliminación del significado emocional de las experiencias.


Rick posee un conocimiento privilegiado sobre los secretos del universo y la existencia que, lejos de llevarlo a una sabiduría trascendental, lo sumergen en un profundo nihilismo.

Si realmente no existe un Dios y si efectivamente, como Sarte (1946) planteaba, la existencia carece de sentido intrínseco sin importar cuánto luchemos contra nosotros mismos para convencernos de lo contrario, entonces este show desarrolla hasta el límite todas las implicancias del horror de esos vacíos existenciales en la psique humana. La serie explora temas como la banalidad de lo humano, la fragilidad de la vida, el sinsentido y la ambigüedad moral.


Rick aprendió a lidiar con el contexto descrito líneas arriba, desapegándose emocionalmente de la realidad y dedicándose a la bebida. En la evolución del personaje, no obstante, observamos como el amor por sus nietos le devuelve, por momentos, la capacidad de sentir y le otorga un propósito como mentor y protector.


Personajes secundarios como Jerry y Beth (padres de Morty) juegan un rol complementario, ya que le agregan un mayor contenido humano al contexto descrito. La pareja encarna algunos de los aspectos psicológicos presentes en las relaciones tormentosas. Su historia nos ofrece herramientas para reflexionar sobre distintas dinámicas de carácter patológico que pueden construirse entre dos personas que mantienen una relación, no para compartir su felicidad, sino para escapar de sus propios demonios. Los personajes mantienen una codependencia que evoca lo peor de cada uno, pero con la ganancia secundaria de mantener a sus peores tormentos en niveles tolerables. La relación de estos personajes es analizada con mayor detalle en el episodio 7 de la segunda temporada.


Es tal la densidad psicológica de los temas de la serie, que posiblemente el formato ideal para su desarrollo sea el de una comedia y no un drama ya que, en palabras de Frankl (1946) “en la existencia humana, el humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos”.

Observemos un momento la siguiente imagen:


En ella podemos encontrar a Rick habituado a los horrores del universo (aunque con ayuda de la bebida) y a Morty siendo traumado por estos mientras debe enfrentárseles a la fuerza. A su vez podemos percibir a Beth presionando a su esposo a "ser un hombre" y encargarse mientras él se paraliza por el miedo. Notaremos, también, a Summer (hermana de Morty) como observadora silenciosa de esta dinámica.

Finalmente, pese a que la historia está ambientada en un universo de ciencia ficción, notamos que presenta problemáticas muy similares a las de nuestro propio universo: la mediocridad, la vida desperdiciada, desigualdad social, autoritarismo, guerra, asesinatos, abuso sexual, etc. En muchos episodios podremos notar que ciertos planetas o dimensiones representan distintos abordajes a nuestros propios problemas sociales. Por ello resulta posible identificarse con Morty, quien como consecuencia de los viajes interdimensionales en compañía de su abuelo (posible metáfora de salir a descubrir el mundo tal y como es), va perdiendo su inocencia e idealismo y, progresivamente, se aproxima al desapego emocional y relativismo moral con el que, muchos, también debemos aprender a lidiar.

Es por las razones presentadas que el show “Rick y Morty” puede ser entendido como más que una simple comedia de ciencia ficción para adultos. Que el formato caricaturesco de la obra no genere confusión: es una obra de arte existencialista que ambienta sus reflexiones en un universo de ciencia ficción hostil e incierto. Un universo más parecido al nuestro de lo que, tal vez, nos gustaría aceptar. Vean la serie.

Referencias:

Frankl, V. (1991) [1946]. El hombre en busca de sentido. Editorial Herder: Barcelona.

McWilliams, N. (2011). Psychoanalytic Diagnosis, Second Edition: Understanding Personality Structure in the Clinical Process. The Guilford Press: New York.

Sartre, J. (2007) [1946]. El existencialismo es un humanismo. EDHASA: Barcelona.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Humor, tragedia y lisuras: El asombroso poder de Carlos Alcántara en Asu Mare

El humor es una herramienta fundamental para la estabilidad emocional en un medio adverso, ya que puede ayudarnos a tolerar aspectos dolorosos de la realidad al invertir su significado. De hecho, se le considera uno de los factores protectores contra la violencia y la depresión (Muñoz & de Pedro, 2005), ya que nos hace reír frente a situaciones que, de otro modo, nos mortificarían. Bajo este enfoque, Carlos Alcántara es un excelente inductor de dopamina, capaz de convertir la tragedia de la realidad peruana en una comedia. En este artículo revisaremos algunos de sus recursos empleados en su espectáculo comédico "Asu Mare", llevado posteriormente a la pantalla grande. Incluyo, al final, un video con el show completo que empleé para hacer el análisis.

En principio, un breve vistazo a su oratoria nos muestra su dominio, consciente o no, de ciertas técnicas psicológicas. Empieza tanteando qué tan receptivo está el público y lo manipula un poco para que lo llamen. Ya en el escenario, interactúa individualmente con algunos miembros de la audiencia para conseguir aliados que, más adelante le dirán a los suyos (con el lenguaje corporal) que está bien confiar en él. Una vez que es aceptado en el grupo, procede a ampliar sus límites.


Alcántara utiliza la técnica de la desensibilización sistemática (Nezu, Maguth & Lombardo, 2006) para acostumbrar al público al sexo y a las "groserías", manteniendo siempre una continuidad en los temas que escalan, de a pocos, en intensidad.

Dado que, en principio, ha sido contratado para dar un show,  ya cuenta con un liderazgo formal, pero su siguiente paso es más ambicioso: desea obtener un liderazgo legítimo al ganarse oficialmente el respeto del público. Para ello recurre a una estrategia sutilmente camuflada como un simple juego: Si la audiencia fuese una manada, Alcántara estaría procediendo a posicionarse como “alfa” del grupo al hacer gemir a las mujeres y hacerlas gritarle, mediante psicología inversa, expresiones de aceptación como "¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!". Una vez que los hombres ya vieron que es aceptado por las mujeres, son más propensos a desear un vínculo con él.  Por ello responden favorablemente cuando invoca a la virilidad en ellos. A su vez, expone a los que quieran fingir ser más machos o aún se muestren a la defensiva (parte de su discurso, finalmente, es una crítica al machismo y a la negación de la propia autenticidad).

Notaremos que también utilizará la triada de Rogers (1961) para llegar al público: Para este punto queda establecida su autenticidad al reconocer abiertamente sus orígenes y su empatía al disculparse de vez en cuando por el humor negro. Mostrará su aceptación incondicional al público al responder con humor (en lugar de enojo o inhibición) a la negativa de algunos a seguir sus dinámicas.


El “calentamiento”, como él lo llama, ha consistido en preparar psicológicamente al público para escuchar con mente abierta algunas verdades incomodas. Ahora que nos identificamos con él podremos vernos a nosotros mismos en su historia.

A estas alturas en las que ya tiene la aceptación del público, se enfocará en no perderla  y evitar abucheos a partir de recordarle periódicamente a su audiencia que todo es una broma. Como si se tratase de una anécdota casual y de manera humorística, empieza con breves descripciones de los personajes y sucesos de Lima Metropolitana: El huachimán de barrio, el ratero (o “chorizo”, como él le llama), los corredores casuales alrededor del Golf de San Isidro y del Estadio Nacional, el “fulbito”, los viajes de promoción en los distintos sectores socioeconómicos como una reproducción de la desigualdad social, etc.

Un análisis del contenido de su espectáculo nos lleva a la segunda parte del show. Ésta consta de un discurso que presenta aspectos emocionalmente ásperos de la realidad peruana como la pobreza, el desempleo, el alcoholismo, la naturalización de la violencia, las drogas, la vida en el barrio y el anhelo de un futuro mejor, pero lo llevará a una conclusión de esperanza, ya que, en gran medida, gracias a la lucha de su madre, que hizo lo imposible por sus hijos, logró salir de ese mundo.


Su historia, por lo tanto, corresponde al arquetipo del ascenso a la riqueza o a un mundo mejor (Rags to Riches) propuesto por Booker (2004). Una clásica historia del “mendigo” de la Gran Unidad Escolar Hipólito Unanue Del Perú que conquista a la “princesa” del colegio privado San Silvestre.


Dentro de los aspectos más personales de su vida, resalta la idea del padre ausente: menciona la presencia física del mismo en la casa, pero este carece de protagonismo en la historia. Al mismo tiempo es una crítica social al machismo.

Pese a la diversidad de temas tocados en “Asu Mare”, el mensaje último de Alcántara es el amor, que se percibe en la conclusión de su historia llevada al escenario: se reconcilia con su madre al decirle públicamente que, pese a todo, ahora la entiende, la admira y la ama.


A su vez, una particularidad a señalar es que su historia es narrada utilizando símbolos reconocibles por la clase alta limeña, por ejemplo el rock de Elvis (o de Queen en la película), la canción “Super Mario Starman” o referencias al cine estadounidense como The Shining.


El resultado final guarda cierta relevancia cultural digna del éxito que está teniendo en el extranjero: es una magnifica conversación entre dos sectores socioeconómicos que, al darse sin la expresión de resentimiento, acaba siendo una forma de conciliación.






Temas relacionados:

Puedes leer mi recopilación de investigaciones científicas sobre la felicidad aquí.

Puedes leer mi análisis filosófico de El Bananero aquí.

Puedes leer una breve reflexión sobre la campaña peruana de violencia contra los delincuentes "Chapa tu choro" aquí.


Referencias:

Booker, C. (2004). The Seven Basic Plots: Why we tell stories. The Tower Building: London.

Muñoz, V., & De Pedro, F. (2005). Educar para la resiliencia. Un cambio de mirada en la prevención de situaciones de riesgo social. Revista Complutense de Educación, 16, 107-124.

Nezu, A., Maguth, C., & Lombardo, E. (2006). Formulación de casos y diseño de tratamientos cognitivo-conductuales. Un enfoque basado en problemas. Editorial El Manual Moderno: Bogotá.

Rogers, C. (1961). On becoming a person. Houghton Mifelin Company: Boston.

sábado, 26 de septiembre de 2015

El Bananero y la filosofía: Cuando el placer es todo lo que importa

Quizá lo encuentres hilarante. Quizá no toleres sus videos. Pero probablemente hayas oído de él. El Bananero es un personaje creado y actuado por Adrián Nario, cuya primera aparición data, aproximadamente, del 2005. Originalmente, sus videos estaban dirigidos únicamente a sus amigos, pero su fama fue, de a pocos, escalando hasta ser el ícono de la vulgaridad que inspira memes como “¡Putas Harry!” o “¡Sabee!”. Una pregunta que uno podría hacer es ¿por qué algo, en apariencia, tan simple y burdo puede tener tal impacto en grupos tan grandes de personas? Quizá la respuesta se encuentre en el mismo personaje y lo que, para algunos, representa.


Asumiendo que las investigaciones recientes sobre felicidad (Seligman, Parks & Steen, 2004) guardan alguna correspondencia con la realidad, podemos decir que El Bananero parece haber captado algo. El placer es uno de los tres componentes de la felicidad (siendo el compromiso y el sentido los dos restantes). Sin embargo, su enfoque del placer parece estar más orientado a la Escuela Hedonista Cirenaica: los caprichos y deseos personales se satisfacen inmediatamente sin importar los intereses del resto (Feldman, 2006). 

Esta forma específica de hedonismo es algo que Stuart Mill (1863) podría haber objetado parcialmente. Ambos parecen coincidir en que el propósito de la vida es el placer, pero a diferencia de El Bananero, Mill establece distintas jerarquías de placer: las sensaciones, las emociones y el intelecto. El Bananero hace comedia a través de las aventuras de un sujeto que afronta la vida maximizando la estimulación de las sensaciones físicas, haciendo particular énfasis en lo sexual y lo grotesco. Esta rutina es una clara expresión de humor escatológico, caracterizado por la ridiculización de algo a través de recursos como la flatulencia, las heces u otras secreciones corporales y el sexo (Praeger, 2007). 


El estilo ya se ha utilizado antes. Por ejemplo, un personaje histórico que, para muchos, estuvo caracterizado, precisamente, por este tipo de humor fue Mozart. Simkin (1992) analizó un aproximado de cuatrocientas cartas escritas por el compositor y descubrió que una de cada diez contenía alusiones a defecación, flatulencia y a anatomía sexual. Lo escatológico está relacionado al uso del tabú para la relativización y ruptura del mismo.


¿Se han preguntado qué puede decir de nuestra cultura el éxito mediático de El Bananero y lo que puede representar?


Piensen en cuantos podrían identificarse rápidamente con una persona que se consagró al placer y se olvidó completamente de la normativa social para vivir como si, literalmente, no hubiese mañana. Tal vez uno se ría porque lo entiende y capta sutilmente todo lo que implica su actitud: "¿Espectáculos basura? ¿Gente mojigata? ¿Represión injustificada? ¿Hipocresía? ¡Al carajo! Yo me salgo".

Es viable, por ende, considerar a este personaje una parodia de los antivalores de la cultura occidental. Si bien no puede precisarse si esa es la intención consciente del autor detrás de los videos, sí es posible observar la presencia de ciertas temáticas a las que muchos de los fans responden favorablemente: El placer sin límites, el machismo, el desconocimiento total de la autoridad, la despreocupación por la opinión de los demás, el libertinaje y el abandono del autocontrol.


Así que ya saben: cuando alguien cuestione su calidad intelectual y sensibilidad al enterarse de que les gusta el humor de El Bananero, pueden contestar que es un crítico social que hace uso de la controversia para burlarse de muchas de las fuentes de frustración en la vida cotidiana.

…

Eso, o que es un gordo tragaleche hijo de las milputas con más suerte que orto de trolazo en concierto de Talía. ¡Sabeee!


Temas relacionados:

Puedes leer mi análisis filosófico de la banda de rock Rata Blanca aquí.

Puedes leer mi recopilación de estudios científicos sobre la felicidad aquí.

Puedes leer mi análisis académico sobre el programa de televisión peruano "Esto es Guerra" aquí.

Puedes leer mi análisis psicológico sobre los recursos humorísticos del comediante y actor peruano Carlos Alcántara aquí.


Referencias:

Feldman, F. (2006). Pleasure and the Good Life: Concerning the Nature, Varieties, and Plausibility of Hedonism. Oxford University Press.

Mill, J. (1863). El Utilitarismo. Tomado el 26 de Setiembre de http://www.ateismopositivo.com.ar/John%20Stuart%20Mill%20-%20El%20Utilitarismo.pdf

Praeger, D. (2007). Poop Culture: How America Is Shaped by Its Grossest National Product. Feral House: U.S.A.

Seligman, M., Parks, A., & Steen, T. (2004). A balanced psychology and a full life. Tomado el 22 de abril de 2010 de http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1693422/pdf/15347529.pdf

Simkin, B. (1992). Mozart’s Scatological Disorder. British medical journal, 305,1563-1567.


sábado, 22 de agosto de 2015

Filosofía y Rock & Roll: Rata Blanca y su mensaje de amor, fuerza y trascendencia

Yo tenía 16 años cuando escuché por primera vez una canción de Rata Blanca. En ese entonces, yo vivía en un contexto de música tonera y salsa que me veía forzado a tolerar (el reggaetón aún era algo novedoso y discreto). Aquella música me dejaba profundamente insatisfecho, porque sencillamente no sentía que mi historia estuviese siendo contada en esas letras de amor correspondido, diversión y baile. Fue, precisamente, en ese contexto de insatisfacción que las guitarras distorsionadas y voces raspadas resonaron con mi necesidad de rebelarme. ¿De rebelarme a qué? De adoptar gustos y costumbres que nada tenían que ver conmigo solo para encajar en un grupo. A aceptar un estilo de vida predeterminado de hedonismo y chisme y negarme a mí mismo.


No tenía idea de lo lejos que me llevaría aquella banda que, por primera vez, captó mi interés. Y es que antes de los libros, mi primer amor fue la música. Fue a través de la música que mi sensibilidad se vio tocada: pensé por primera vez en mi identidad, me hice consciente de lo que es la soledad, aprendí que no puedo encontrar el camino a mis metas, porque nadie más lo ha trazado aún y lo más importante: encontré fuerza en mis propias creencias. Sabía que no estaba solo.

Este primer paso en mi crecimiento personal lo di con la ayuda de Rata Blanca y, posteriormente, con la ayuda de otras bandas. Cuando estuve más involucrado en “la escena” hard rock, observé que mi entusiasmo era compartido por muchos otros. Uno, simplemente, no veía este trato solemne a la música en fans de otros géneros. Era una religión, un estilo de vida, un asunto de ser uno mismo o quedar fuera por posero y perder el derecho a llamarse un fan. Era una fuerza socializadora muy poderosa, ahora que lo pienso.

La música de Rata Blanca (como la de cualquier otro artista, en realidad), responde a una época y un contexto. Sus músicos crecieron en una Argentina teñida de militarismo, capitalismo “achorado” y violencia excesiva. Un contexto poco favorable para la individualidad, el arte y la estabilidad emocional. Fue a través de la música que estos rebeldes pelucones encontraron una herramienta de lucha que, al tener como fuente de enunciación su misma realidad, fomentaba la lectura y conceptualización de la misma. En otras palabras: eran cronistas y filósofos muy enojados con lo que estaban viviendo y dispuestos a hacer algo al respecto. La genialidad de la banda (y definitivamente la de muchas otras más) consiste en que su mensaje, si bien tiene un origen muy específico, puede aplicarse a otros contextos.

Un análisis relativamente extenso de las letras de la banda me llevó a identificar las siguientes temáticas:

La vida en el barrio (¿Quiénes somos?)
(Chico callejero, El bajo flores, Obsesión, El rey de la revolución, Historia de un muchacho, Volviendo a casa y Lluvia púrpura.)

Salvarse de la soledad y el abandono (¿Qué queremos?)
(La misma mujer, Solo para amarte, El sueño de la gitana, La leyenda del hada y el mago, mujer amante, Hombre de hielo, Noche sin sueños, Nada es fácil sin tu amor, Sombra inerte del amor, Sin tu amor nada existe, Vuelo nocturno, Ella, Abeja reina, Cuando la luz oscurece, La otra cara de la moneda, Aún estás en mis sueños, Blues, Mamma, Un día más un día menos, Cuando hoy es ayer, Pequeño ángel oscuro, Tan lejos de aquel sueño y Rock and Roll Hotel.)

La violencia, la ambición y la mediocridad (¿Qué se opondrá a nuestra meta?)
(Gente del sur, Basura, Asesinos, Cuarto Poder, Bajo control, Jerusalén, Patria, Fantasma azul, Máquina, La caja, Vieja Lucy, Anarquía, El gran rey del rock and roll,  Diario de una sombra y Señor espectro.)

Floreceremos por nuestra fuerza (¿Cómo lograremos nuestro objetivo?)
(El último ataque, el beso de la bruja, Rompe el hechizo, Haz tu jugada, Ángeles de acero, Guerrero del arco iris, Abrazando el rock and roll, Quizá empieces otra vez, Días duros, Agord la Bruja, Madame X, Pastel de rocas, Héroes, El amo del camino, Caballo salvaje, Índigo, Michell odia la oscuridad, El círculo de fuego, Endorfina, Si eres hijo del rock, No es nada fácil (ser vos), Buscando pelea, Rebelde y solitario y El jugador.)

Lo que es divino y solemne (¿De dónde viene nuestra fuerza?)
(El camino del sol, Los ojos del dragón, La boca del lobo, Herederos de la fe, Mr. Cósmico, Sinfonía fantástica, ¿En nombre de Dios?, La llave de la puerta secreta, Bajo el poder del Sol, Guitarra española, El reino olvidado, El guardián de la luz y Tormenta eléctrica.)

Es posible notar que su visión es la de un mundo frío y materialista que no hace más que realzar nuestra soledad. Sábato tuvo su propia manera de expresarlo: “El hombre padece efectivamente una soledad metafísica (...), pero es una condición eterna de su naturaleza, que solo podía serle revelada tal como la venía sufriendo en una sociedad poblada de signos y maquinas, una sociedad deshumanizada” (Leiva, 2012).

Al igual que el filósofo victoriano John Stuart Mill (1859), Rata Blanca predica la libertad individual. Ambos sostienen que las personas deben poder tener diferentes sentimientos y opiniones y que debe fomentarse que experimenten con distintos estilos de vida. Rata Blanca y Stuart Mill parecen coincidir en que uno no puede ser completamente feliz solo siguiendo reglas. Es un suicidio obedecer principios abstractos y arbitrarios que nada tienen que ver con nuestro bienestar.

Sin embargo, tal proyecto no resulta fácil en un mundo tan hostil y caótico. Para abrirse paso en esta jungla de agresiones, desapegos, mediocridades y distracciones, será necesaria toda nuestra fuerza para soportar sin derrumbarnos. Será necesario que seamos fuertes, valientes y muy resistentes. Básicamente, necesitaremos de lo que Nietzsche llamó la voluntad de poder (Vásquez, 2011). La voluntad de poder es nuestro motor principal. Es la avidez de lograr nuestras metas y la demostración de fuerza que nos permite posicionarnos donde, creemos, nos corresponde. Para ello tendremos que ser más que solo personas: necesitamos estar por encima del hombre mediocre, hacer nuestras propias reglas y ser consecuentes con ellas. La pregunta que queda por responder sería ¿de dónde sacaremos fuerza y motivación para mantenernos en nuestro sendero escogido? La respuesta la dio el mismo Nietzsche y la desarrolló Frankl (1946): "Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo".

La búsqueda de sentido y trascendencia es una respuesta clave a muchas de las angustias existenciales que nos paralizan. Dentro de esta temática, Rata Blanca parece recurrir con frecuencia a lo profético y a la revelación divina que impone un propósito inamovible por lo terrenal. Esto crea la sensación de ser respaldado, en última instancia, por poderes infinitamente superiores a los del monstruo al que enfrentamos. Algunos podrían interpretarlo como crear con la imaginación un aliado de poder equivalente al del adversario para consolarse frente la desigualdad de fuerzas. Otros podrán verlo, tal vez, como algo intuitivo en sí mismo. Dejando de lado la discusión de si tales poderes divinos son reales o fantaseados, la aceptación de los mismos parece resolver el problema en muchas personas y Rata Blanca, claramente, se encuentra entre los promotores de esa idea.


Finalmente, ya sea de manera intencional o casual, el mensaje de Rata Blanca sigue siendo tan relevante ahora como lo fue en sus inicios: Le duela a quien le duela, es a través de una moral propia y autónoma que nos liberaremos de la mediocridad que frena nuestro desarrollo personal.


Temas relacionados:

Puedes leer mi análisis filosófico de El Bananero aquí.

Puedes leer mi recopilación de estudios científicos sobre la felicidad aquí.


Referencias:

Frankl, V. (1946/1991). El hombre en busca de sentido. Editorial Herder: Barcelona.

Mill, J. (1859/2001). On liberty. Batoche Books: Ontario.

Sábato, E. (1977/2012). El túnel. Ediciones Cátedra: Madrid.

Vásquez, A. (2011). Nietzsche: De la voluntad de poder a la voluntad de ficción como postulado epistemológico. Recuperado el 22 de Agosto de 2015 de file:///C:/Users/user77/Downloads/Dialnet-NIETZSCHEDELAVOLUNTADDEPODERALAVOLUNTADDEFICCIONCO-4052835.pdf

martes, 11 de agosto de 2015

Esto es Guerra

Así que finalmente lo hice. Dejé de lado mi costumbre de no ver televisión nacional y me tomé un día entero para ver capítulos de la popular serie “Esto es Guerra”. Es tanta la polémica que parece causar entre mis amigos y conocidos que no pude más con la curiosidad. Tenía que saber de qué se trata este fenómeno que inspira tanto rechazo al punto de que algunos, incluso, lo llaman “lo peor” que ha producido la televisión peruana. ¿Será eso cierto? ¿Es “Esto es Guerra” lo peor que ha producido la televisión peruana? No creo estar en capacidad de dar tal veredicto con argumentos, datos y gráficas, pero al menos redactaré mis reflexiones tras haber sido expuesto al programa.


Empecemos poniéndonos en los zapatos de los trabajadores del canal de televisión. No se confundan: no están para educar. Su objetivo es llevar el caviar y el lomo fino a la mesa. Tienen, para ello, un modus operandi muy claro: Crear un estímulo que logre concentrar la atención de grupos masivos de personas y removerlas emocionalmente para volverlas más sugestionables. Una vez que desarrollan el método que más gente capture, le alquilan unos segundos de dicho estímulo a empresas que deseen publicitar productos o ideas. Resulta evidente, entonces, que mientras más grande sea el grupo de personas que capturen con su estímulo o carnada, más caro podrán cobrarle a las empresas (o auspiciadores) interesadas en hacer publicidad. Aquí, ya queda descartada la idea de que los clientes de los canales de televisión son los espectadores. Los clientes son las empresas auspiciadoras y el producto es la atención del público en estado sugestionabilidad. Lo que estos clientes quieren es un público grande y manipulable. La pregunta del millón es ¿cómo podemos maximizar eso? La respuesta, como generalmente suele serlo, es: ¡CIENCIA!

Ciencias sociales, para ser preciso.

“¡Las ciencias sociales no son ciencias de verdad!”

Jódete. Yo tengo amigos.

Sucede que hay demasiado dinero en juego para arriesgarse lanzando dardos al aire, así que la creatividad no es rentable. Aquí es donde hay que hacer la tarea.

¿Qué debemos hacer para crear algo que un enorme grupo de personas quiera dedicarse religiosamente a ver? ¿Qué nos dice el marco teórico? Resumamos.

Según Lindstrom (2011), si bien la belleza es un atributo que llama la atención, las personas se sienten más atraídas hacia gente famosa que hacia gente bella. Una celebridad es un símbolo o ícono que posee y representa una variedad de atributos deseables a los que muchos de nosotros aspiramos. La belleza, el encanto, el atractivo sexual, el descaro de burlarse de las reglas en narices de todos, riqueza, poder, etc. Cada celebridad engloba y representa algunos de esos atributos.

Ajá. Las personas que aparezcan en el programa tienen que ser famosas. “¡Entonces, consigamos gente famosa!” dice un iluso sin el menor respeto por la billetera de los inversionistas. Entonces, los encorbatados de contabilidad protestan: “Contratar gente famosa es caro. Búsquense una solución más barata o les robaremos su energía vital con nuestros amuletos de la maldad”. ¡Ah! Esos estúpidos hombres de negocios que todo lo ven plataplataplata. Entonces, cuando todo parece estar perdido, alguien tiene una brillante idea: ¿Y si reclutamos a Don Nadies que cobren barato y, LUEGO, los volvemos famosos? ¡KABUM!    

Cuando nos venden un producto auspiciado por una celebridad, tácitamente nos venden su esencia en una botella. Un elixir que nos transferirá algunos de sus atributos. En palabras de Lindstrom (íbid.): "Imitamos a quienes admiramos de ciertas formas, con la esperanza de que algo de lo que ellos han hecho nos lleven a nosotros a obtener algo suyo". Muy bien. Ya sabemos que vamos a conseguir gente parcial o totalmente desconocida que, luego, haremos famosos. ¿Quiénes deberían ser estas personas? ¿Cómo deben verse? ¿Cómo deben hablar? Regresemos al marco teórico.

González Moreyra (Reátegui, comunicación personal 2014) encontró en sus investigaciones en peruanos jóvenes de distintos sectores socioculturales que, de manera casi generalizada, existe mayor atracción y preferencia por la gente blanca y de fenotipo europeo. Ajá. Conseguir gente blanca. Excelente. Pero ¿cómo los haremos famosos? Marco teórico.

Investigaciones sobre las raíces evolutivas del chisme (Lindstrom, 2011) muestran que cada vez que alguien nos dice algo percibido como bueno y nosotros lo transmitimos a otro, nuestro cerebro nos recompensa con una dosis de dopamina. Evolutivamente el chisme es la forma de protegernos de ser dañados viviendo en comunidad. Necesitamos información sobre quién es quién, que hace cada uno, que tiene para ofrecernos, que quiere de nosotros, etc.  De ahí la precisión de Gargurevich (2002) al señalar el alto impacto que tiene la prensa dedicada a informar sobre la vida privada de celebridades y personas del negocio del espectáculo. 

Muy bien. Entonces ya tenemos resuelta la primera parte de la creación del producto perfecto. Conseguir gente blanca y volverla famosa haciendo pública su vida privada e íntima hasta la saturación. Queda aún algo por resolver: Una vez que tengamos a nuestros personajes: ¿qué contenido deben ofrecer al público? Regresemos al marco teórico.

Gargurevich (2002) nos explica que los contenidos a los que mejor responden las masas en el Perú son violencia y erotismo. Todo resuelto. Creemos un programa de personas blancas y sexys que aparecan en escándalos de la prensa y hagámoslas pelear constantemente entre ellas sometiéndolas a situaciones de presión social, de provocación deliberada, de burla y de injusticia.


¡Hagámoslas reaccionar! ¡Que se enojen! ¡Que lloren! ¡Que se acuesten entre ellas y mejor si se embarazan! Hagamos que los hombres sean fornidos y muestren los músculos y que las mujeres sean material de modelaje y usen un calzón apretado. Sometámoslos a actividades en los que constantemente se abran de piernas, se agachen, se volteen y forcejeen sudorosos. 


Tomemos nuestros ingredientes, arrojémoslos al inodoro y agreguemos un poco de sustancia XXX: ¡Publica videos porno de ellos! ¡Que hagan videoclips eróticos para revistas! Que tus amigos de la prensa lo comenten para asegurarse de que todos se enteren. Dios, ya me quiero masturbar de solo pensarlo.



Ahora jala la cadena y ¡BUM! Dinero para el canal y excremento para el país. Una fórmula relativamente fácil de empezar y mantener.

Entonces, ¿es “Esto es Guerra” lo peor que puede haberse creado en la televisión peruana? No lo creo. Desde el punto de vista del marketing es una obra maestra que ha logrado perfectamente su cometido: hacer dinero. Por otro lado, desde el punto de vista cultural, discutiblemente, no lo encuentro socialmente más denigrante que el programa de Laura Bozzo (nuestra herencia a la televisión mexicana). 

Quizá lo que más indigna a cierto grupo de personas no es la existencia de este u otros programas pornográficos con fachada de concursos familiares, sino la enorme respuesta de aclamación que causa en las masas. La prensa y la televisión son la sociedad contándose a sí misma. Finalmente es, gracias a la existencia de tales fenómenos, que a la fuerza, se nos  pone como cultura frente al espejo y, al parecer, no nos gusta para nada lo que vemos.


Y no me hagan empezar a hablar de "Combate".

Temas relacionados:

Puedes leer mi análisis filosófico de El Bananero aquí.

Puedes leer mi análisis filosófico de la banda de Hard Rock argentina Rata Blanca aquí.

Puedes leer mi análisis psicológico sobre los recursos humorísticos del actor y comediante peruano Carlos Alcántara aquí.


Referencias:

Gargurevich, J. (2002). La prensa sensacionalista en el Perú. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú

Lindstrom, M. (2011). Brandwashed: El lavado de cerebro de las marcas. Bogotá: Grupo Editorial Norma.