sábado, 29 de septiembre de 2018

Sobre la naturaleza última de la realidad

Desde sus inicios tribales los seres humanos han acumulado sistemáticamente conocimiento y buscado maneras de descifrar y controlar las fuerzas de la naturaleza, por lo que en principio no hay un punto de partida único para reseñar la historia de su aproximación a la realidad, pero resulta conveniente tomar a los Antiguos Griegos como inicio, porque ellos en particular dejaron fuentes escritas.


El pensador Tales de Mileto es de quien se tiene el registro escrito más antiguo de ciertas ideas filosóficas. Puesto que no todos los pensadores de la Antigua Grecia creían en la importancia de escribir y gran parte del conocimiento del Mundo Antiguo se perdió con la caída de Roma y la quema de la Biblioteca de Alejadría, no es posible constatar si fue literalmente el primero en hacer filosofía propiamente dicha, pero Tales es el primer individuo sobre el que se sabe que demostró un teorema matemático (hoy llamado el "teorema de Tales") y uno de los primeros en valorar la razón, la lógica y la observación como herramientas para descifrar la naturaleza. Sin embargo, para entender mejor el impacto de estas ideas, ayuda visualizar el contexto en el que fueron propuestas.


Antes de que la curiosidad por la naturaleza en la Antigua Grecia escalase hasta convertirse en lo que luego llamarían "filosofía natural", no existía tal cosa como apoyo a las artes y ciencias por parte del público ni un sistema educativo formal. Sin embargo los filósofos presocráticos se interesaron en temas como la separación entre lo abstracto y lo material, identificar la unidad más pequeña posible de materia, la inferencia de fuerzas invisibles en temas humanos, etc. A estas alturas ya podían apreciarse primeros intentos de separar el mito de la verdad (o la superstición de los hechos, como diríamos hoy).

Con el tiempo se formaron escuelas de pensamiento, no obstante éstas no eran lugares físicos como quizá lo serían hoy en día, sino grupos de personas que se reunían a pensar en los mismos temas y a veces viajaban para hacer lo mismo en otros lados. La escuela milesia, fundada por Tales, propuso ideas revolucionarias para una época en la que, aparentemente, nadie había pensado en filosofía ni ciencia como luego la conocieron sus sucesores.

Ideas revolucionarias como que el río Nilo fluía por causa del viento y no la acción de un dios o que los terremotos ocurrían porque la tierra flotaba en el agua como un barco y se movía cuando ésta última estaba inquieta. Por elemental (e impreciso para los estándares de hoy) que suene, la escuela milesia introdujo un concepto que sería desarrollado hasta sus últimas consecuencias por pensadores posteriores: el mundo natural tiene explicaciones físicas descifrables a través de la razón.


Por el simple hecho de preguntarse "¿qué es la materia?" la escuela milesia estaba dando los primeros pasos que alejarían al ser humano del mito y la superstición y lo acercarían a la física moderna. La manera en la que estos pensadores abordaron problemas como la materia, la transformación, la nada, las matemáticas, la percepción, la verdad y el universo fue haciéndose cada vez más popular por el territorio helénico y pronto más personas estarían interesadas en estilos de vida que se desprendiesen de esos hábitos intelectuales.


Posiblemente uno de los filósofos presocráticos más famosos hoy en día es Pitágoras de Samos, quien fundó una escuela de pensamiento luego de sus viajes a Egipto y Mesopotamia. Pitágoras veía a la geometría como parte de una filosofía de la purificación moral y descifrado de la naturaleza a través del intelecto. Para los pitagóricos, las formas de las matemáticas, las armonías en la música y los movimientos de los astros estaban interconectados. Su descubrimiento de que las armonías musicales eran matematizables fue interpretado en un contexto espiritual, por lo que, para ellos, las matemáticas eran una ventana hacia lo perfecto y divino.

Pitágoras de Samos
Aunque los pitagóricos compartían su conocimiento con otros, éstos estaban más interesados en la idea filosófica de que su modelo matemático ilustraba la perfección del universo, que en la idea de ensamblar un sistema matemático detallado y completo. Por eso nunca se tomaron el trabajo de documentar clara y abiertamente sus enseñanzas.

Sin embargo alrededor del año 306 a.C., Ptolomeo I aseguró su influencia en Alejandría y fomentó el flujo de científicos, artistas y técnicos de todas partes del mundo helénico. En este contexto existió Euclides de Alejandría, un académico que recopiló todo el conocimiento geométrico del Mundo Antiguo, transcribiendo los descubrimientos de los pitagóricos, expandiéndolos y agregando sus propias explicaciones y demostraciones para crear una síntesis que tituló "Los Elementos". Aunque por su aporte se le considera el padre de la geometría, más que inventar un sistema completamente nuevo,  recopiló exhaustivamente los trabajos de matemáticos anteriores como Tales, Pitágoras, Demócrito, Hipócrates, Arquitas, entre otros.

Euclides de Alejandría
No obstante ello no implica que el mismo Euclides no hiciera sus propios aportes al compilado. Recopilar el conocimiento fue solo la primera parte del trabajo, porque la manera en la que optó por organizarlo y exponerlo dio origen a lo que hoy se conoce como “el método axiomático”.

El libro empieza con una serie de definiciones y postulados y demuestra cómo a partir de ellos se desprende toda una representación abstracta de las formas a la que llamamos "geometría". Ninguna demostración en el libro requiere de conocimiento adicional al que proporcionan las premisas y definiciones iniciales, por lo que éste presenta un sistema válido con coherencia interna. Por ejemplo ofrece definiciones simples como "punto es lo que no tiene partes" o "línea es la longitud sin anchura" y en base a ellas presentó cinco postulados de los que se desprendió todo el conocimiento geométrico de la época.

Fragmento de Los Elementos encontrado con los Papiros de Oxirrinco.

Sin embargo, algunas de las personas que estudiaron este trabajo encontraban ciertas dificultades al revisar más a fondo el Postulado 5. En general los postulados enuncian ideas simples como “es posible trazar una línea recta desde un punto cualquiera a otro punto cualquiera” o “todos los ángulos rectos son iguales”, pero el quinto postulado se enuncia de la siguiente manera:

“Si una recta, al incidir sobre otras dos, forma del mismo lado ángulos internos menores que dos rectos, las dos rectas prolongadas indefinidamente se encontrarán en el lado en que estén los ángulos menores que dos rectos”.



Aquello que, básicamente, se desprende de este postulado es la definición de lo que llamamos "líneas paralelas". La definición es lógica, pero mientras más riguroso fuese uno tratando de demostrar en la práctica este postulado, más dificultades para aceptarlo surgían.  Kline (1990) expone al respecto que “Euclides indudablemente sabía que tal axioma (el de las líneas paralelas) declara explícita o implícitamente lo que debe suceder en los confines infinitos del espacio y que cualquier declaración sobre lo que debe ser cierto en el espacio infinito es físicamente dudosa porque las experiencias del hombre son limitadas”.

Y así, más o menos, empezó uno de los acertijos más antiguos y difíciles que la especie humana haya intentado descifrar. Como veremos, los casi dos milenios de intentos de resolver lo que en este texto se define como “el problema del quinto postulado euclidiano” (o del Postulado 5, para abreviar) fueron, lenta y gradualmente, develando más de lo que cualquier mente humana hubiese imaginado por sí sola.


Cuando cayó el Imperio Romano de Occidente, gran parte de su conocimiento, su filosofía, sus matemáticas y su ingeniería desaparecieron de Europa, incluyendo “Los Elementos” de Euclides. No obstante, parte de este conocimiento logró sobrevivir en las bibliotecas del Imperio Romano de Oriente y fue posteriormente estudiado y complementado por pensadores árabes.

Durante la llamada Edad de Oro del Islam (VIII d.C. – XIII) los califas de Abbasid enviaron académicos y comerciantes a Constantinopla a obtener libros y traducir cuanto conocimiento pudiesen. En este periodo académicos, ingenieros y comerciantes del mundo islámico estudiaron y expandieron lo sabido en agricultura, economía, navegación y, desde luego, matemáticas.

Uno de los libros traídos de Constantinopla fue precisamente “Los Elementos” y tuvo tal impacto entre académicos que sirvió de base para la matemática del mundo islámico, reconocida por expandir el modelo euclidiano introduciendo, por ejemplo, los números irracionales (inconcebibles para un pitagórico en busca de un universo perfecto) y el álgebra.

Así, generaciones de matemáticos islámicos trataron de perfeccionar el modelo euclidiano y eliminar o corregir el Postulado 5 y, aunque no tuvieron éxito, en su intento introdujeron ideas que serían retomadas por pensadores occidentales.

Teorema de Pitágoras ilustrado en una traducción árabe de Los Elementos.
El matemático persa Al-Juarismi (780 -850 aprox.), considerado el creador del álgebra e introductor del sistema de numeración hindú (injustamente denominado arábigo) al mundo occidental, elaboró sobre los postulados euclidianos para idear métodos prácticos que permitiesen resolver problemas de la sociedad de aquel entonces, como herencias, particiones, juicios, comercio, medición de tierras, excavación de canales, construcción, etc. Incluso él entendió que, en la práctica, había algo extraño con el Postulado 5 y creyó haber llegado a una solución que acabó siendo inválida por valerse de variables como “movimiento” o “transformación” en un modelo geométrico que solo representa a la realidad de forma estática. Pero fue un buen intento para la época.

Otros pensadores árabes abordaron el problema dejando de intentar de confirmar directamente el Postulado 5 y, en su lugar, lo analizaron de la siguiente manera: Si el postulado 5 fuese falso, entonces se desprenderían las posibilidades de que las líneas paralelas se curven hacia adentro y se intersecten o de que se curven hacia afuera y se alejen. Entonces razonaron que para confirmar el Postulado 5 solo había que refutar dichas alternativas. Aunque no pudieron resolver el problema, más adelante veremos lo relativamente cerca que estuvieron a encontrar una solución.

El Postulado 5 no dejaba de inquietar a quienes lo analizaran. Era lógico, pero insatisfactorio y tan solo ponerlo en palabras era difícil.


No fue hasta el siglo XII que las ideas de Euclides y el problema del Postulado 5 regresarían a Europa. Durante las Cruzadas, los saqueos a los pueblos musulmanes recolectaban botines que algunas veces incluían libros. Esto último era la lotería para los académicos e intelectuales europeos de la época que aprovechaban la coyuntura para estudiar la literatura de la zona. Un viajero inglés llamado Adelardo de Bath (1080-1152) que pasó parte de su vida viajando por los territorios y Estados cruzados en el Medio Oriente, recolectó los libros que pudo y los llevó consigo de regreso a Inglaterra, en donde se dedicó a la tarea de traducirlos. Uno de esos libros, claro está, fue “Los Elementos” y su traducción permitió la reintroducción del pensamiento matemático a la sociedad occidental.


Algunos siglos más adelante, durante el Renacimiento, la imprenta permitió la difusión de conocimiento matemático, que consistía principalmente en explicaciones del modelo euclidiano por parte de estudiosos para la población general. Aquello significó una revolución técnica, ya que ahora había más personas capacitadas para realizar trabajos más complejos que requieren de conocimientos matemáticos, como construir embarcaciones, casas u obras de arte más realistas.


Uno de los beneficiados de esta reintroducción y difusión del conocimiento filosófico, matemático y técnico de la antigüedad al sistema de educación europeo fue René Descartes (1596-1650), quien estableció un modelo de razonamiento deductivo que sería precursor del método científico y desarrolló un sistema de coordenadas (que llamamos “cartesianas”) que permitió traducir problemas de álgebra a problemas geométricos y viceversa. Aquel salto implicó una revolución en la forma de pensar que integraba y expandía las maneras en las que una mente podía representar el espacio físico. Esta herramienta capaz de versatilizar el alcance del modelo euclidiano sería la llave de una puerta que, más adelante, abriría Isaac Newton (1643-1727).


Newton quería escribir un libro acerca de esta arbitrariedad del mundo físico que había descifrado llamada "gravedad", pero para hablar concretamente del mundo físico en movimiento iba a necesitar una manera de representar numéricamente figuras con líneas curvas.

Newton leyendo "Discurso del Método".
Entonces Newton utilizó el modelo euclidiano para representar el área de una curva mediante la cantidad de rectángulos que cabían bordeándola. Ello supuso el problema de tener que eliminar el área de las partes del rectángulo que cruzaban la curva para conocer el área debajo de ésta. Para ello introdujo el concepto de integración: propuso imaginar reemplazar infinitamente los rectángulos por otros más pequeños hasta que el área que sobresale de la curva sea tan pequeña que nos brinde una aproximación suficiente de su área.



Lo relevante para este texto es que al desarrollar una herramienta capaz de representar figuras curvas introduciendo conceptos como lo infinitesimal y al traducirlo al álgebra con el sistema cartesiano, Newton creó un modelo capaz de mapear el mundo físico en movimiento. Con su libro Philosophiæ naturalis principia mathematica inició una revolución en el pensamiento: la matematización del espacio físico. La física clásica había nacido.

Sin embargo el problema del Postulado 5 seguía sin resolverse y hubo quienes siguieron preguntándose lo que aquello significaba. Era como si la realidad no se ajustase a la lógica, por más sólida que esta fuese.


Hasta aquel entonces los matemáticos habían intentado deducir o confirmar el Postulado 5, topándose una y otra vez con la misma pared inderrumbable. Incluso había padres matemáticos advirtiendo a sus hijos de la misma profesión sobre éste. Por ejemplo el matemático Farkas Bolyai le escribió a su hijo:

"Por amor de Dios te lo ruego, olvídalo. Témelo como a las pasiones sensuales, porque lo mismo que ellas, puede llegar a absorber todo tu tiempo y privarte de tu salud, de la paz de espíritu y de la felicidad en la vida".



Y su hijo, János Bolyai (1802-1860), parece haber hecho caso. Tanto él como el matemático Nikolai Lobachevsky (1792-1856) fueron dos de los primeros en atreverse a prescindir del nefasto Postulado 5 y dejar de tratar de confirmarlo.

Si el Postulado 5 no correspondía con la realidad, entonces sería cuestión de representar y explorar sus alternativas: líneas que se curvan. Aquellas que, irónicamente, los antiguos matemáticos islámicos visualizaron pero trataron de refutar para confirmar al postulado en cuestión. La pregunta es, ¿por qué dos líneas aparentemente rectas y paralelas terminarían curvándose de todas formas?

Porque el espacio mismo en el que existen es curvo, no plano.


En la geometría hiperbólica dos líneas paralelas se intersectan por definición y, por contraintuitivo que suene, en la práctica funciona al momento de hacer predicciones y cálculos.

Por más plano que nuestra mente represente el espacio, éste realmente es curvo, porque nos encontramos sobre una superficie esférica. Ese detalle hace toda la diferencia: cualquier línea que se nos presente perceptualmente como recta, independientemente de cómo la veamos, trazada en una superficie esférica siempre será curva. Por ello para corregir esa distorsión perceptual, es necesario aceptar que lo que realmente sería una línea recta en la realidad externa luce en nuestra mente como una línea curva y viceversa.


Conforme los modelos físico-matemáticos que medían y representaban el universo aumentaban su complejidad, más se iba haciendo evidente que la realidad objetivamente medible es distinta de la realidad percibida y construida por los sentidos. La percepción humana se volvió un estorbo al momento de querer aumentar la precisión y descifrar los aspectos más fundamentales del universo en sus diferentes escalas.

Para este punto histórico seguir desarrollando modelos matemáticos implicó abandonar las propias intuiciones y priorizar los datos sobre las percepciones. Por ejemplo en un plano euclidiano se cumple que la suma de todos los ángulos internos de un triángulo siempre es de 180 grados, pero en una superficie hiperbólica dicha suma da un valor distinto.


Esta nueva manera de entender la geometría mostró posibilidades de fórmulas y teoremas a desarrollar. A partir de las propuestas de Bolyai y Lobachevsky, un matemático de nombre Bernard Riemann entendió que otras alternativas al modelo euclidiano eran posibles y elaboró un sistema que facilitaba sus representaciones.

Si un modelo matemático que simboliza el espacio físico es válido por su coherencia interna, pero a su vez no coincide con la realidad que se nos presenta, ¿qué universo está representando entonces? ¿Cuántos otros universos posibles pueden ser representados matemáticamente? y más importante aún: ¿Cuál de esas representaciones posibles corresponde con el universo en el que existimos?


La manera en la que nuestra percepción de la realidad es puesta en marcha por nuestro cerebro (más sobre eso aquí) sirve para la supervivencia en la Tierra, no para editar a voluntad el Cosmos. Como especie, hoy tenemos sistemas cerebrales para representar el concepto "automóvil", porque nuestros ancestros necesitaron del concepto de "león". Les servía más generalizar patrones bruscos y tangibles con repercusiones directas que entender al león, por ejemplo, desde sus propiedades moleculares.

Aspectos relevantes de un león para un humano arcaico.
Aspectos irrelevantes de un león para un humano arcaico.

Sin embargo, el hábitat urbano que hemos construido para nosotros aún es, históricamente, muy reciente para que nuestra biología se haya modificado por completo. Por ejemplo, aún reaccionamos a problemas abstractos como el desempleo o la inflación segregando cortisol y adrenalina a la sangre, mecanismos que sirven para combatir amenazas físicas e inmediatas como el león. La percepción humana está restringida a lo que ha necesitado representar para seguir existiendo. Ésta no nos permite detectar, por ejemplo, amebas, ondas gravitacionales o movimientos subatómicos.



El león no es directamente lo que uno percibe, sino luz, presión, sonido. Una sensación es iniciada dentro de tu propio cerebro por la secuencia en la que se activan los receptores sensoriales, no por la onda misma. Hay un proceso interno adicional al ordenar esas señales en una “película” o experiencia de primera persona. Lo que sea que haya realmente ahí afuera no depende de las formas que necesitamos percibir para funcionar.


Esta distinción entre la realidad objetiva y la realidad percibida ha acompañado la reflexión humana desde los tiempos de Pitágoras y Euclides. Por ejemplo Aristóteles intuía que hay un mundo "exterior" detrás del mundo de las apariencias que no requiere de nuestra percepción para existir. Tal distinción era tan importante para el matemático y filósofo Charles Sanders Peirce (1839-1914), que acuñó el término “fanerón” para referirse a “la totalidad colectiva de todo aquello que de alguna manera o en algún sentido se presenta a la mente, con total independencia del hecho de que corresponda o no a algo real”. En términos experienciales, fuera del fanerón solo hay oscuridad.


¿Pero saben a qué le dicen “una luz en la oscuridad”?

En 1887 los científicos Albert Michelson (1852-1931) y Edward Morley (1838-1923) construyeron un aparato que, en aras de la simplicidad, les permitió descubrir que la luz indiscutiblemente viaja en el vacío sin necesidad de una substancia hipotética. El éter era una asunción innecesaria a la que, además, hubo que agregarle una serie de propiedades ad hoc como que debía ser rígido pero, a la vez actuar como fluido al mismo tiempo que no tenía masa, entre otros distintivos. Un modelo que representa un universo diferente del nuestro, pero relativamente parecido, va a necesitar de una serie de “parches” epistemológicos para ajustar sus impresiciones a nuestra realidad.


Lo relevante del experimento de Michelson y Morley para este texto es que cuando se descartó el éter como la solución hipotética al problema físico de las propiedades de luz, se creó un vacío en el modelo científico que inspiró distintas iniciativas para resolverlo.

Entre los que abordaron este problema se encontraba Albert Einstein, que, inspirado en los experimentos de Michelson y Morley, presentó una serie de trabajos entre los que se encontraba su propuesta de la "Relatividad Especial". Aunque este modelo estaba cimentado en trabajos previos, éste no expandía a Euclides ni le agregaba alguna variable para "parchar" las inconsistencias, sino que presentó un paradigma completamente nuevo. Algunas de las conclusiones que se desprendían de la propuesta eran que la velocidad de la luz en el vacío es constante, que ésta no es afectada por una sustancia de referencia fija y que las variables de "espacio" y "tiempo" deben ser entendidas como una sola y no dos separadas.


Aunque el modelo de la "Relatividad Especial" solo lidiaba con la física en el caso (léase) especial en el que no hubiese distorsión gravitacional del espacio-tiempo, en 1915 Einstein propuso un modelo más complejo que sí podía incluir esa variable al que llamo "Relatividad General". Ésta teoría es capaz de simbolizar la realidad incluso cuando estrellas o agujeros negros doblan el espacio-tiempo (algo imposible de percibir con los sentidos y representaciones humanas).


Y son precisamente esas curvaturas del espacio-tiempo y la manera en la que éste es estirado y moldeado lo que hoy nos invita a una nueva reflexión sobre el Postulado 5.

La geometría euclidiana es un modelo de la realidad basado en premisas tomadas de la percepción humana. Un modelo en el que el espacio es perfectamente plano y estático en lugar de curvo y moldeable.

Aceptar la Relatividad General es, también, aceptar que no vivimos en un universo euclidiano en el que las líneas rectas existen fuera de nuestra percepción. El modelo de Euclides, aunque presenta coherencia interna, no describe nuestro universo, sino otro posible muy parecido. Lo suficientemente parecido como para que en pequeña escala sus cálculos y representaciones permitan concretar operaciones relativamente simples.


El modelo del espacio del que se desprendió la geometría, el cálculo, el álgebra, las coordenadas cartesianas y la física de Newton resultó no corresponder con las propiedades aparentemente reales del universo en el que vivimos. Sin embargo fue una herramienta cognitiva que permitió nuevas formas de representar la realidad y razonar sobre ella. La solución al problema del Postulado 5 o la razón por la que pese a ser válido no se ajusta a la naturaleza es, entonces, que describe más a la realidad ajustada por la percepción humana o fanerón que a la realidad externa a la mente "tal y como es".

Cuando analizamos objetos a escalas planetarias o imperceptiblemente pequeñas se hace más visible que la geometría euclidiana ofrece solo una aproximación insuficiente para realizar predicciones tan precisas como las de la Relatividad General. Ello no supone que la Relatividad General es la cúspide de la matematización del universo, sino que es más efectiva que el modelo euclidiano para describir, explicar, predecir y controlar nuestro universo.


En la actualidad, por cierto, tenemos al menos dos modelos del espacio físico en vigencia: uno que explica la realidad a nivel macroscópico (la Relatividad General) y otro que la explica a nivel subatómico (la Mecánica Cuántica). Ambos guardan coherencia interna y son efectivos en predecir determinados eventos, pero ninguno es la continuación del otro. Las fórmulas de la Relatividad General no describen ni predicen patrones establecidos en la Mecánica Cuántica ni viceversa. El modelo unificado o “Teoría del Todo” que ligue todos los valores arbitrarios de nuestro universo (y no otro) podría, en principio, ser una teoría microscópica de la gravedad que pueda extenderse de manera continua hasta escalas cósmicas. ¿La teoría de cuerdas, tal vez?


Finalmente quizá toda esta información podría dejarle una inquietud filosófica a los lectores más sensibles: ¿Alguna vez descifraremos la Realidad Objetiva o estamos varados en un plano en el que nuestra máxima aspiración es estar parcialmente en lo cierto mediante representaciones incompletas de "lo externo"? Respecto a preguntas de esa índole, Martin Gardner (1914-2010) concluyó de manera estoica:

“Si me pides que te diga algo sobre la naturaleza de lo que yace más allá del fanerón, mi respuesta es ‘¿cómo podría saberlo?’ No me angustian los misterios del cosmos. Puedo entender lo que hay detrás de esas preguntas tanto como mi gato entiende el sonido de mis dedos tecleando este párrafo”.



Referencias:

Boyer, C. (2010). Historia de la matemática (10ª edición). Alianza Editorial: Madrid.

Gardner, M. (1985). The whys of a philosophical scrivener.  Oxford University Press: Oxford.

Kline, M. (1990). Mathematical thought from ancient to moden times: Volume 1. Oxford University Press: Oxford.

Meserve, B. & Sobel, M. (2007). Introducción a las matemáticas. Reverté Ediciones: México.

Peirce, C. (1904). Phanerology. MS [R] 338.

Stanley, T. (2010) [1687]. Pythagoras: His Life and Teachings, a Compendium of classical sources. Ibis Press: Florida.

Turner, H. (1997). Science in Medieval Islam. University of Texas Press: Texas.



sábado, 30 de diciembre de 2017

Psicología del autoengaño: una aproximación neurofisiológica

El doctor ingresa a la habitación donde reposa una paciente de 60 años que sufrió un accidente cerebro vascular (ACV) en el hemisferio derecho. No ha caminado en toda la semana.


Doctor: Nora, ¿cómo estás hoy?
Paciente: Bien, señor, excepto por la comida del hospital. Es terrible.
D: Bueno, vamos a revisarte. ¿Puedes caminar?
P: Sí.
D: Nora, ¿puedes usar tus manos? ¿Puedes moverlas?
P: Sí.
D: ¿Ambas manos?
P: Sí.
D: ¿Puedes mover tu mano izquierda?
P: Sí, por supuesto.
D: Toca mi nariz con tu mano izquierda.

La mano de Nora permanece inmóvil.

D: ¿Estás tocando mi nariz?
P: Sí.
D: ¿Puedes ver tu mano tocando mi nariz?
P: Sí, ya está casi tocando su nariz.

El doctor sujeta el brazo izquierdo inherte de la paciente, lo levanta frente a su rostro y pregunta:

D: ¿De quién es esta mano, Nora?
P: Es la mano de mi madre, doctor.
D: ¿Dónde está tu madre?

La paciente se muestra intrigada y mira a sus alrededores.

P: Se está escondiendo bajo la mesa.
D: Nora, ¿dijiste que podías mover tu mano izquierda?
P: Sí.
D: Enséñame. Toca tu nariz con tu mano izquierda.

La paciente tomó su brazo izquierdo con el derecho y acercó su mano flácida hacia su rostro.

Quizá a estas alturas de tu vida ya te hayas percatado por experiencia propia de que el autoengaño existe, es difícil de detectar y al parecer es inevitable, pero asumiendo que no está mintiendo y realmente cree en lo que está diciendo ¿qué le pasa a Nora y por qué lo está llevando a tales extremos?

La paciente, descrita por el doctor Vilayanur S. Ramachandran (2011), presenta lo que se conoce como anosognosia, cuya etimología se traduce a “desconocimiento de la enfermedad”. Todas las personas clínicamente “normales” se involucran de alguna u otra manera en negaciones y racionalizaciones menores para sobrellevar el estrés de la vida cotidiana. La información que llega a través de los sentidos normalmente se contrasta y combina con recuerdos preexistentes para crear y reforzar un sistema de creencias sobre uno mismo y el mundo.

Dicho sistema de creencias se construye principalmente por circuitos en el hemisferio izquierdo. Si aparece algún fragmento de información anómala que no se ajusta al panorama general del sistema de creencias, el hemisferio izquierdo procederá a atenuar las discrepancias y anomalías para preservar la coherencia de la historia que el individuo haya elaborado sobre sí mismo y la realidad. 


Tal es la tendencia de la mente a la confabulación que a veces incluso fabrica información para preservar su armonía y panorama general. Otra forma de llamar a este proceso es “reducción de la disonancia cognitiva” y su función evolutiva es la de estabilizar el comportamiento e imponer un sentido de coherencia narrativa a la experiencia. Sin embargo, este mecanismo por sí solo no es suficiente. Si las confabulaciones no son restringidas por otro sistema regulatorio presente en circuitos del hemisferio derecho (dañado en el caso de Nora), éstas escalarían a niveles delusivos. Regiones del hemisferio derecho cumplen la función de “abogado del Diablo”, que al dejar de trabajar (por ejemplo por hemiplejia o lesión) permiten que los circuitos confabulatorios en el hemisferio izquierdo entren en un bucle de negaciones y racionalizaciones sin coherencia interna.


Incluso algunos de los pacientes que han sufrido un ACV se imaginan que el hospital es su casa y que ellos mismos han escogido la decoración (Swaab, 2014). Swaab nos describe un caso similar al de Nora en el que cuando se le preguntaba a una paciente si podía mover el brazo izquierdo, contestaba: "Sí, puedo moverlo, pero es mejor que descanse". Y cuando se le pedía que diese unos pasos, confabulaba: "Claro que puedo, pero el médico me ha dicho que es mejor que guarde reposo".

Los experimentos realizados por Roger Sperry (1961) con pacientes con los hemisferios cerebrales desconectados (el cuerpo calloso fue cortado para interrumpir la ruta de corrientes epileptiformes) proporcionaron ejemplos muy claros de cómo es que las personas inventamos razones sobre la marcha para lo que hacemos sin darnos cuenta. Los sujetos podían describir verbalmente las imágenes que durante el experimento les llegaban sólo al hemisferio izquierdo, puesto que la capacidad del lenguaje (casi siempre) también se asocia a esa región.


Pero cuando a través de un texto el hemisferio derecho recibía la orden de que el paciente se levantara y se fuese, éste lo hacía, sin embargo cuando se le preguntaba por qué lo había hecho, él no respondía: "Usted me lo pidió", puesto que esa información no podía llegar al hemisferio izquierdo responsable del habla. De modo que a falta de información, el hemisferio izquierdo hacía lo suyo y confabulaba: "Voy a coger un chocolate".

Al respecto Swaab (2014) explica que este tipo de confabulaciones son una manifestación verbal de un principio general más profundo: “Cuando el cerebro no recibe la información normal, él mismo se la fabrica para llenar esas lagunas. Cuando un cerebro dañado no recibe la información normal, se inventa historias”. La mente llena diariamente las lagunas en nuestra conciencia incluso cuando el cerebro está intacto. Tenemos la experiencia vívida de que las cosas suceden tal como nosotros las recordamos, pero nuestra mente reconstruye una historia a partir de fragmentos de información. 

Loftus y colaboradores (2002) demostraron que es posible crear falsos recuerdos en las personas a partir de estimular el uso de la imaginación. Los participantes fueron citados en diversas oportunidades y se les pidió que realicen una serie de actividades y que imaginen realizar otras relativamente similares. Luego de transcurridos varios días, se le pidió a los sujetos enlistar cuáles fueron las actividades realizadas y descubrieron que estaban adivinando. No podían diferenciar lo realizado de lo imaginado. La memoria humana no se almacena intacta como en una computadora, sino que se reconstruye cada vez que la queremos evocar y la imagen construida varía según el estado de ánimo e información disponible del momento. Ésta no es exacta ni inalterable: a veces la mente combina eventos o los inventa. Para entender por qué ocurre esto, es importante comprender cómo es que el cerebro fabrica nuestras experiencias.


Pese a que el Self sea más una sensación que una realidad tangible y no exista un homúnculo unificado y monolítico (más sobre eso aquí) la mente fabrica la sensación de unidad a partir de combinar - o superponer si se quiere - pequeños detalles individuales que son detectados por distintos receptores y son procesados en áreas cerebrales diferentes antes de intersectar en lo que se experimenta como una sensación per se (o quale). Aunque este análisis puede aplicarse a cualquiera de los sentidos, describamos parte del circuito cerebral encargado del sentido de la vista para ilustrar lo mencionado:

Cuando los ojos reciben un input, la señal se bifurca inicialmente en dos rutas: la primera, evolutivamente más antigua, va directamente al tronco encefálico y pasa al lóbulo parietal superior, en donde se construye una representación del ambiente en términos de obstáculos y detección de movimiento y la segunda, más reciente, pasa por el quiasma óptico y el tálamo para llegar al lóbulo occipital, donde la corteza visual genera la imagen percibida. Desde ahí la señal se ramifica hacia el lóbulo parietal superior para integrar la imagen percibida con la imagen corporal (y tener así una noción tridimensional de dónde nos encontramos en relación a los otros objetos) y hacia el giro fusiforme donde se reconoce qué objeto o rostro se está observando y pasa a la amígdala que le asignará valor emocional al estímulo. Lesiones en distintas partes de este circuito desembocan en distintas alteraciones en la conciencia.


Por ejemplo, si el giro fusiforme se desconecta de la amígdala, la persona puede reconocer racionalmente un rostro, pero al no poder atribuirle significado emocional tendrá la delusión de que su interlocutor es un impostor y al no poder explicarlo, confabulará cualquier razón por la que “lo sabe” (ver delusión de Capgras). Si, por el contrario, la conexión entre el giro fusiforme y la amígdala está reforzada en exceso (por ejemplo por descargas epilépticas), la persona tendrá la certeza irrefutable de que diferentes individuos son de hecho la misma persona disfrazada (ver Síndrome de Fregoli). Si la ruta evolutivamente más reciente está bloqueada y el input sólo ingresa por la más antigua, la persona estará ciega, pero como partes del cerebro aún están recibiendo input visual (los ojos están intactos) éste no se adaptará a una ceguera sino a una falta de datos, por lo que se inventará detalles sobre lo que supuestamente está viendo. Incluso si se le señala a la persona que lo que describe no corresponde con lo que hay en el ambiente, continuará con la elaboración y dirá algo como “es que no tengo mis anteojos” (ver Síndrome de Anton Babinski).

En otras palabras: la sensación percibida es una construcción del cerebro a partir de estímulos físicos de entrada provenientes de receptores especializados repartidos en todo el cuerpo. Cada receptor es una neurona con la propiedad de emitir una descarga eléctrica al ser estimulada por el fenómeno físico al que esté adaptada.

Fotorreceptores: neuronas que se activan al entrar en contacto con la luz.

Siguiendo con el ejemplo de la vista, los conos y bastones son fotorreceptores que se activan con ciertas longitudes de onda de luz y que se manifiestan en la experiencia de primera persona como colores. Cada color percibido es la representación que el cerebro tiene para una determinada longitud de onda. Existen, además, longitudes de onda mayores a 700 nanómetros (Nm) y menores a 400 Nm para las que no tenemos receptores (y por ende tampoco representación experiencial) a las que hemos llamado luz infrarroja y ultravioleta.


Asimismo, en todos los órganos del cuerpo salvo el cerebro, tenemos receptores llamados nociceptores que se activan cuando perciben alguna forma de aceleración entrópica en los tejidos y se presenta en la experiencia de primera persona como dolor.

Por poner otro ejemplo, cada papila gustativa contiene distintas neuronas especializadas en activarse al entrar en contacto con moléculas compatibles con sus receptores de membrana. Del mismo modo en que los colores son representaciones de distintas longitudes de ondas, el cerebro tiene cinco representaciones experienciales para los estímulos químicos que llamamos dulce, ácido, salado, umami y amargo. Si, por ejemplo, modificásemos un quimiorreceptor especializado en el dulce para activarse al entrar en contacto con sal, tendríamos igual la sensación de dulce, porque el "sabor" no está en la sustancia química que entra en contacto con el quimiorreceptor, sino que es una fabricación de las neuronas que están del otro lado del axón (o output) de la neurona receptora.


Y así sucesivamente con los quimiorreceptores del olfato, mecanorreceptores, termorreceptores, etc.

Entonces, desde un punto de vista evolutivo nuestra percepción de la realidad no es un reflejo exacto de la misma sino un modelo o representación lo suficientemente estable y predecible para poder sobrevivir y dejar descendencia. En ese sentido las alucinaciones son, en parte, activaciones del sistema interno de representación que ocurren por falsos input. En vista de que los sistemas nerviosos no están adaptados para descifrar la realidad objetiva, sino para representar los aspectos de la misma que le sean suficientes para sobrevivir (de ahí que el nivel cuántico se nos presente como incoherente e impredecible), la mente no busca directamente la verdad sino la sensación de tener razón. Ese, en parte, es el motivo por el que las personas tienden a demorarse en cambiar de opinión incluso cuando han sido expuestas varias veces a la evidencia que refuta su modelo.

Más sobre este tema aquí.

Cuando el cerebro no recibe la información en el lugar donde correspondería, la corteza cerebral aumenta su actividad para llenar las lagunas (Swaab, 2014). A fin de cuentas el cerebro sólo está haciendo lo que siempre hace: crear un modelo que se vive como coherente y estable utilizando una fracción de los estímulos totales.

Para ilustrar mejor lo antedicho tomemos de ejemplo esta pintura que Bernardo Bellotto (1721-1780) hizo de la ciudad de Dresde. La pintura se caracteriza por un profundo nivel de detalle (difícil de apreciar desde una pantalla) que casi transmite la sensación de estar observando una fotografía:


Sin embargo parte de lo que hace a esta pintura memorable es que algunos de esos supuestos detalles no están realmente ahí como el observador los percibe. Si estuviésemos frente a la pintura en su tamaño original y decidiésemos analizar la imagen con detenimiento podríamos notar algo inesperado. En el puente sobre el río se aprecian varias personas, excepto por el hecho de que al mirarlas más de cerca notaremos que no hay personas sino manchas. Una mera insinuación que la mente asume y completa:


El autoengaño es tan antiguo como lo es el cerebro humano. Algunas expresiones históricas de este fenómeno pueden encontrarse en las siguientes citas:

"¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?"  (Mateo 7:3).

“Por encima de todo, no te mientas a ti mismo. El hombre que se miente a sí mismo y escucha su propia mentira llega a un punto en que no puede distinguir entre la verdad dentro de él, o alrededor de él, y así pierde todo el respeto para sí y para otros" (Fiódor Dostoyevski).

“Mi psique transforma y falsifica la realidad en proporciones tales que es preciso recurrir a expedientes a fin de constatar lo que las cosas son fuera de mí; por ejemplo, que un sonido es una vibración del aire de una cierta frecuencia y que un color es una de las longitudes de onda de la luz". (Carl Jung).

"Aunque podamos ver los siete defectos del otro, no vemos nuestros propios diez defectos". (Proverbio japonés)


El trabajo de Sigmund Freud estuvo precisamente cimentado en la idea de que la mente inconsciente debe tener alguna estructura cognitiva y emocional y elaboró una serie metáforas para describir sus patrones y tendencias. Pese a que varias de las metáforas y explicaciones propuestas por Freud han ido quedando en desuso, su iniciativa de explorar lo inconsciente fue continuada por diversos autores a lo largo del siglo XX y complementada con los avances de la neurociencia. Hoy sabemos que al menos dos sistemas en el cerebro descritos como "procesos duales" (Harris, 2014) son responsables de la cognición, la emoción y el comportamiento. Uno es evolutivamente más antiguo, inconsciente y automático, mientras que el otro evolucionó más recientemente y es a la vez consciente y deliberativo.


Es por ello que el "sentido común" o la intuición no son suficientes si queremos dedicarnos a la encrucijada de describir, explicar, predecir y controlar la realidad tangible. Hasta la fecha la herramienta más precisa que la humanidad ha inventado para dichas metas es la ciencia. Ésta no es una institución ni un listado de verdades absolutas. Es un verbo. Es algo que haces. Una manera de pensar. Es aceptar la incomodidad de la incertidumbre y, a partir del escepticismo, priorizar la evidencia sobre las emociones para sobreponernos a nuestra tendencia a confabular y fabricar información que nos proporcione estabilidad. De ahí que se diga que la ciencia es contraintuitiva.


Las incógnitas son fuentes de ansiedad, porque nos hacen sentir vulnerables a eventos sobre los que no tenemos el control que quisiéramos. Reemplazar las incógnitas con pensamientos deseados alivia esa ansiedad, pero ignorar los patrones de la realidad es una receta para la frustración. Harris lo ejemplifica expresando que “cualquiera que crea que dos más dos da cinco no encontrará fin a sus problemas, porque el mundo se le opondrá en todo momento, empezando por sus propios dedos”. Resulta útil, por tanto, considerar que independientemente de lo que tú quieres que sea cierto para que te sientas bien, la realidad sucede.

Una reflexión consecuente es que el ser humano no es un "animal racional" como la cultura popular sostiene, sino un animal emocional que tiene la capacidad de aprender a usar la razón en tanto la estimule, practique y refuerce. Bertrand Russell (1977) hizo una observación similar al opinar que "el hombre que no tiene ningún barniz de filosofía va por la vida prisionero de los prejuicios que se derivan del sentido común y de las creencias habituales en su tiempo y en su país".

"Y te va a pasar a ti".



Temas complementarios (para que te entretengas en Google):

- Distorsiones cognitivas de Aaron Beck.
- Sesgo de confirmación.
- Heurísticos o atajos mentales.
- Caja de Libet.
- Mecanismos de defensa según Nancy McWilliams.

Referencias:

Crump, D. (1965). Japanese Proverbs and Sayings. Oklahoma: University of Oklahoma Press.

Dostoyevsky, F. [1880](1993). Kramazov brothers. London: Penguin Books Ltd.

Harris, S. (2014). Waking up: A guide to spirituality without religion. New York: Simon & Shuster.

Jung, C. (1969). Los complejos y el inconsciente. Madrid: Alianza Editorial, S.A.

Loftus, E. & Thomas, A. (2002). Creating bizarre false memories through imagination. Memory & Cognition, 30, 423-431.

Ramachandran, V. S. (2011). The Tell-tale Brain: A Neuroscientist's Quest for What Makes Us Human. New York: W. W. Norton.

Russell, B. (1977). Por qué no soy cristiano. Barcelona: Editorial Hermes de México.

Sperry, R. (1961). Cerebral Organization and Behavior. The American Association for the Advancement of Science. Science (1961). Vol. 133, No. 3466,
1749 – 1757. 

Swaab, D. (2014). Somos nuestro cerebro: Cómo pensamos, sufrimos y amamos. Barcelona: Plataforma editorial.

domingo, 9 de julio de 2017

El Self es una ilusión

Más arriba de las nubes, se expande una discreta caverna en las entrañas de una montaña. Su interior, con pinturas rupestres y viejas puntas de flecha a medio tallar, permanece tal y como sus últimos habitantes la dejaron.

Sobre la tierra humedecida se sienta en posición de loto un ermitaño. Lleva meses sin salir y días sin abrir los ojos. Un escorpión sale de su grieta solitaria y, habituado a la indiferencia del visitante, repta con lentitud hacia el mismo, atraído por un calor inusual que emana de éste.

Imagen relacionada
Él no lo sabe, pero la actividad eléctrica y metabólica en su corteza parietal medial ha disminuido considerablemente, mientras que la de su corteza prefrontal ha aumentado. Pero más importante aún: su mente está en silencio.

La dificultad para encontrar felicidad en este mundo se manifiesta desde nuestro primer respiro: nuestras necesidades se multiplican con el paso de las horas. Vivimos permanentemente en el proceso de crear y reparar un mundo en el que nuestras mentes quieran estar y, aun así, fallamos. Nos aferramos a placeres transitorios, rumiamos el pasado y nos preocupamos por el futuro. Nos encerramos en una especie de sueño sintético para olvidar que la muerte, la soledad, la incertidumbre y el sinsentido existen. Entonces sucede.


En el silencio resuena el eco de una epifanía:

Pasamos la mayor parte de la vida tratando de llegar a cierto lugar o adquirir determinado objeto para al fin sentir satisfacción, sin darnos cuenta de que para cuando consigamos aquello que buscamos, ya habrán aparecido otras cosas que anhelar. Si acaso existe una fuente de bienestar que no dependa de gratificar los deseos, entonces ésta se encuentra presente incluso cuando todas las fuentes usuales de placer hayan sido removidas.

Como un abanico, lo demás se abre por sí solo: lo humano es ficticio. Sus reglas, sus miedos, sus apegos no guardan equivalencia con las leyes de la naturaleza. El pasado y el futuro se esfumaron de su imaginación y con éstos, su nombre, su identidad y todo lo que alguna vez llamo "suyo". Expresiones como “te amo, porque…” no tienen sentido.  Sin el miedo invisible que día a día envuelve el andar de su Self, el amor regresa y emana por sí solo. El Self que reprimía esa sensación es una ilusión que se desvaneció en el momento en el que lo supo. Las preocupaciones son ínfimas e intrascendentes ante la sensación de claridad sobre su lugar en un universo indiferente.

Explicar la sensación no equivale a vivirla y el ermitaño lo sabe, pero eso no lo detiene de bajar de la montaña para entregar su mensaje. No hay descubrimiento más importante y noble del que puedas hablarle al resto y, aunque en su inexperiencia lo distorsionen y malinterpreten, tal vez siembre en alguno la curiosidad suficiente para emprender su propio viaje. Por más de que lo útil de este descubrimiento esté en experimentar la sensación más que en ponerla en palabras, preguntémonos: ¿Qué significa que el Self sea una ilusión?

Una ilusión no es algo que no es real en el sentido estricto de la palabra, sino un suceso que, pese a no estar ocurriendo en la realidad tangible, sí ocurre a manera de experiencia en la mente de un observador. Por ejemplo la ilusión de la mujer giratoria.


La pregunta “¿en qué dirección está girando la mujer?” es capciosa, porque en realidad no es una figura tridimensional. Estrictamente hablando, es una silueta negra en 2D que se estira secuencialmente hacia los costados. En tu mente, no obstante, se construye la sensación de estar viendo a una mujer girar en una dirección específica, pero mira bien. Si la observas junto a otras personas, podría suceder que no se ponen de acuerdo en cuál es la dirección en la que gira.

Adicionalmente, podrías tener la sensación de darte cuenta de que la dirección en la que la ves girar cambia súbitamente. La imagen es un GIF de aproximadamente dos segundos que se repite indefinidamente. Los cambios que percibas, claramente no están sucediendo en la misma, sino en tu sistema interno de construcción e interpretación de la realidad. He ahí el origen de la ilusión: tu mente completa vacíos y asume información para autoinducirse la sensación de entendimiento y control.

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Un ejemplo más.

Reproduce el siguiente video breve (no es necesario el audio) y fija tu mirada en el centro de la imagen en movimiento, parpadeando lo menos posible y verbalizando en voz alta el símbolo que veas. Luego observa tus dedos.



Nuevamente, lo que probablemente estés viendo suceder en tus dedos con tus propios ojos solo está ocurriendo en tu mente, mas no en tus mismos dedos. Eso es una ilusión. Una sensación perceptual vívida de la realidad que no corresponde con la misma, generada por tus propios estados internos. 

Esto no presupone que podamos reducir dicotómicamente las experiencias en reales e ilusorias. En cada experiencia hay algo de ambos, porque, a fin de cuentas, nuestros receptores sensoriales y sistemas nerviosos detectan solo una fracción de los estímulos totales disponibles en el ambiente y, con esa fracción, arman un todo que se experimenta como estable, continuo y parcialmente predecible. Un todo que, de hecho, es la superposición de varias microexperiencias procesadas en distintos circuitos cerebrales tanto simultánea como secuencialmente. No hay un núcleo o centro en el cerebro que pilotea el cuerpo y que puede salirse intacto del mismo (llamado también “homúnculo”).


De hecho, todo acerca de la mente puede ser modificado a partir de modificar el cerebro. Aunque no es la única manera, la forma más común y rápida de modificar un cerebro es dañándolo físicamente. El cambio experimentado estará relacionado al área cerebral específica que se modifique, desde luego. Puedes dejar de reconocer rostros sin perder la sensación de que conoces a quien observas. Puedes olvidar los nombres de los animales, pero recordar perfectamente los nombres de las herramientas. Puedes perder la visión y creer que la sigues teniendo o incluso perder una extremidad y mantener la sensación de dolor o movimiento en la misma. Puedes, también, perder (o distorsionar) todos tus recuerdos autobiográficos y mantener intactos tus recuerdos sobre cómo tocar un instrumento musical.

Daña una parte de tu cerebro y perderás algo de tu subjetividad. Daña otra parte y más de ésta se perderá. Tomando lo antedicho como el contexto en el que una conciencia es puesta en marcha, aparece un pensamiento difícil de digerir para muchos: Considerar que al dañar el órgano entero al momento de la muerte, súbitamente emergerás fuera de tu cráneo con tus funciones intactas, hablando perfecto francés y reconociendo a tu abuela, es un non sequitur.


La fragmentación en la que nuestra mente está parcelada a nivel cerebral no es accesible a través de la introspección. No hay nada, por ejemplo, en la experiencia de verbalizar un enunciado que nos genere alguna sensación de calor, cosquillas o palpitaciones en el lado izquierdo de la cabeza (donde, en casi todo el mundo, están las áreas asociadas al lenguaje). Del mismo modo en que no hay nada en sentirse enamorado o asustado que te revele la existencia de neurotransmisores, neuronas o descargas eléctricas dentro de tu cráneo, no hay ningún estado de conciencia alterada que te revele algo sobre el origen o destino del universo. Lo que esos estados sí revelan, no obstante, es que las posibilidades de experiencia humana son más variadas de lo que la vida cotidiana nos ofrece.


Del mismo modo en que la pregunta sobre la dirección en la que gira la mujer es capciosa, la pregunta “¿quién soy?” también lo es. Supone que eres uno, que tienes una esencia esperando ser taxonomizada y nombrada. La búsqueda de una esencia, una personalidad, un ente monolítico con características definitivas dentro de tu propia mente está inevitablemente condenada a oscilar en un laberinto semántico sin salida.



Tu identidad no está en tu código genético. Está en tu imaginación. Es una combinación de recuerdos selectivos parcialmente distorsionados y fantasías sobre experiencias que aspiras tener alguna vez. Tu identidad es un personaje creado para desenvolverte en un sistema de símbolos humanos y, al prescindir completamente de los mismos (por ejemplo aislado en el monte un par de años) notarás que no tienes ninguna obligación intrínseca de corresponderle y actuarlo. Por más de que te des un nombre y definas como alguien con poca paciencia o mala memoria para los nombres, no estás haciendo más que reforzar un personaje. Los interesados en este fenómeno pueden revisar información sobre el Efecto Pigmalión o Profecía autocumplida.


Podríamos ponerlo de la siguiente manera: Del mismo modo en que un rostro no es exactamente igual a otro, la composición interna de un organismo tampoco lo es. Puedes tener rutas y ramificaciones únicas en las venas, arterias y vasos capilares. A nivel de milésimas de segundo, el ritmo de tu corazón no es siempre el mismo, los tamaños de tus glándulas suprarrenales o amígdalas cerebrales pueden variar y con éstos, la cantidad exacta de hormonas secretadas. Es decir, no todos los cuerpos se sienten exactamente iguales. Algunos experimentarán ciertas sensaciones con mayor facilidad o intensidad que otros, dependiendo de su herencia genética y ambiente a desarrollarla. A esta predisposición a experimentar nuestras sensaciones en una combinación muy específica de frecuencias e intensidades podríamos llamarle temperamento.


Posteriormente, conforme vamos desarrollando habilidades motrices más complejas, nuestro temperamento motiva algunas reacciones y comportamientos más que otros. A estas tendencias a alegrarnos con facilidad o dificultad, a enojarnos con mucha, poca o ninguna provocación, a dejarnos llevar o no por la curiosidad, etc., podríamos llamarle carácter. Los otros animales también funcionan de ese modo.


Los primates humanos, no obstante, vamos un paso más allá. Aprendemos un lenguaje con el cual describir, interpretar y exteriorizar las pulsiones de nuestro temperamento y carácter. Un lenguaje que no se limita a las palabras, sino que se extiende a la ropa, el peinado, la jerga, los comportamientos, los juegos, los objetos que acumulamos a nuestro alrededor y toda clase de símbolos. Exploramos nuestro temperamento y carácter y escogemos símbolos culturalmente validados para representarlos de la forma que creamos más útil. Aquello para, por ejemplo, ser aceptados, respetados, temidos o amados en la tribu (cosas de primates, en realidad).

La necesidad de estatus toma muchas formas.

Tomando símbolos que, por las razones que fuesen, nos parecen atractivos construimos gradualmente una identidad con la cual nos comprometemos. Esa parte de nuestra personalidad, no obstante, es una ficción útil que nos sirve para desenvolvernos en la tribu y no hay algo que nos encadene o comprometa a seguir representándola más allá de nuestra creencia de que nacimos con ella. De hecho, podría argumentarse que la psicoterapia no necesariamente cambia a las personas en "esencia", sino que las ayuda a reconocer y aceptar sus disposiciones internas con más sinceridad y a encontrar maneras más eficaces de exteriorizarlas y representarlas en los espacios sociales que ocupan.

Explora, siente, acepta y repite.

jueves, 5 de enero de 2017

La Biblioteca de Babel es real

La Biblioteca de Babel fue descrita por Jorge Luis Borges en su cuento de 1941 del mismo nombre de la siguiente manera:

"El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas  bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un  bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas".




Lo más interesante, no obstante, es el contenido de esa biblioteca:

"sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basílides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte..."

La biblioteca existe. No físicamente, sino en formato digital. Johnatan Basile, escritor, programador y filósofo, diseñó una página web que, mediante un algoritmo (definido como conjunto de pasos finitos que lleva a una solución) recrea las condiciones descritas por Borges: 

"A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas".  

Funciona de la siguiente manera:

Paso 1: Seleccionas el nombre (o código) del hexágono a visitar. 

Paso 1

Paso 2: Escoges la pared del hexágono que deseas revisar.

Paso 2

Paso 3: Escoges el anaquel de esa pared que desees revisar.

Paso 3

 Paso 4: Seleccionas el tomo.

Paso 4

Paso 5: Escoges la página.

Paso 5. Trio. Sip.

Esa sería la manera "tradicional" de buscar un tomo. La tarea de encontrar siquiera un libro con una sola oración en un idioma que uno entienda es colosal. Al respecto Borges escribió: 

"Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero".

Sin embargo, el formato digital ofrece una ventaja que hubiese sido la gloria para los personajes de Borges que peregrinaban (casi siempre en vano) por años en la biblioteca buscando el tomo "Vindicador" ("libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir"). La página web elimina la necesidad de revisar los volúmenes uno por uno y permite utilizar un buscador para encontrar directamente la ubicación del texto que tú desees.


No es que el texto que uno teclea genera o crea el tomo y, luego, te lleva a él. El tomo ya existe y su ubicación en la biblioteca es y será siempre la misma. Puedes regresar cuando quieras y puede que ni siquiera seas el primero en haber revisado ese tomo.

Además de tener, como es lógico, billones (por decir) de tomos escritos con palabras y oraciones sin sentido aparente (ej: frfejkl ddssd), tiene también todos los libros alguna vez escritos y por escribirse, pero para encontrarlos tienes que pensarlos tú primero (o al menos parte de ellos) para tipear un fragmento en el buscador o toparte con ellos aleatoriamente seleccionando un tomo al azar (como lo harían los personajes de Borges). Las probabilidades de que eso último suceda son ínfimas, pero mayores a cero. Podría pasar.

Puedes extraer fragmentos de posible arte y conocimiento del pasado (¡y del futuro!) yendo a cualquier tomo y copiando un pedazo cualquiera del texto en Word para analizarlo luego (el tesoro podría estar en cualquier idioma y con ligeros errores ortográficos o gramaticales). Borges lo expresó de la siguiente manera: "No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido".

Es más, así los símbolos no tengan un significado obvio aparente, pueden estimular la creatividad del que asocie ciertos grafemas y sílabas a ciertos significados de carácter personal o cultural. ¡Básicamente es lo mejor que te ha pasado si eres fanático de los libros!

Aquí un ejemplo de texto tomado al azar de la página 79 del Volumen 2 del Anaquel 4 en la Pared 2 del Hexágono cuyo código adjunto en la imagen I.

"horeographically dipeptide apotheosising dogmatisers vacation dataries backwarda tions ciliations canzoni bullring polyurethans leprotic decanter nonnitrogenous limitative twelvefold dilettanteism formers pily hoatzin failingly brahmas stupidly propagandizer."

Pensemos, como jugando. Tomemos un fragmento cualquiera y otorguémosle un significado (como , a fin de cuentas, siempre hacemos con todo lo que leemos).

"apotheosising dogmatisers vacation dataries backwarda".

...

apotheóticos dogmatizadores vacación datos hacia atrás.

...

"Dogmáticos apoteósicos descansan de la información del pasado".

Ahí tienes. Si esa oración cualquiera te dice algo, describe de manera críptica algún evento de tu vida o ayuda a que se te ocurra una nueva idea, ya te nutriste de esta biblioteca.

Nota adicional: La oración que acabo de exprimirle a mi mente estuvo escrita desde antes en la Página 214 del Volumen 29 en el Anaquel 4 de la Pared 2 del Hexágono con el código en la imagen II.



Miren esto: En la Página 246 del Volumen 25 del Anaquel 3 en la Pared 3 del Hexágono con el código adjunto en la imagen III, está escrita la introducción a uno de mis cuentos en Morir Feliz en el Intento. Las probabilidades de que alguien más encuentre esa página específica de ese tomo por azar tienden a cero, pero ahí está el texto para que lo lea quien lo encuentre.


Ciertamente opaca la línea que separa el invento del descubrimiento, ¿no les parece? Click aquí para visitarla.

I

II

III